Test Jun. 2012 | Page 42

zamos a quitar mutuamente las ropas, que no eran muchas porque hacía calor, extendimos luego las prendas sobre la hierba, y allí nomás, sobre ellas, después de asombrarnos durante dos minutos al vernos en pelota por vez primera, dimos comienzo a nuestro primer cuerpo a cuerpo, sin atenernos a ninguno de los requisitos estipulados por el experto internacional pero gozando como locos con nuestra inexperiencia. Después de esa vez lo volvimos a hacer como en diez o doce siestas (inclusive una vez, que fue la mejor, bajo la lluvia) o sea, hasta que concluyó el verano y yo tuve que volver a Montevideo y ella se quedó con sus tíos y la orilla venturosa del Yi. No nos vimos durante quince años, pero una vez nos encontramos, no fue ni en Montevideo ni en Durazno, sino en Buenos Aires (Corrientes y San Martín), casado yo, casada ella, y decidimos tomar un cafecito en La Fragata (ya no existe), porque se había citado ahí, pero una hora más tarde, con su marido, y estuvimos largo rato riéndonos de aquel viejo y mutuo bautismo y también de la bibliografía consultada. Y al final mi prima, ya treintañera pero todavía muy apetecible, confesó: Yo creo que en aquel primer curso intensivo, lo aprendimos todo y para siempre, te puedo asegurar que nunca lo he olvidado. Estuve a punto de tomarle una mano, pero fue una suerte que vacilara, porque la hora había transcurrido sin que lo advirtiéramos y en ese instante apareció el marido y ella pudo presentarme muy campeona: Mira, querido, éste es mi primo Lorenzo, con quien tanto jugábamos y nos divertíamos cuando éramos niños. Mucho gusto, dijo él, y me estrechó la mano con tanto vigor que casi me fractura el metacarpo. ?No tengo tan buena memoria como ustedes ?dijo a su turno el Viejo?. Consideren que ya pasé los setenta y que vengo del campo. Mi viejo era domador, ¿lo sabían? No recuerdo si la primera vez fue con una ternerita, preciosa ella, o con la hija de unos peones, que tampoco estaba mal. Pero les juro por esta cruz, yo que soy ateo confesado, que nunca engañé a mi señora, que en paz descanse, con una ternerita, por hermosa que fuera. Y además en Montevideo no son fáciles de conseguir. 49 Pocket Andamios.p65 49 31/5/00, 13:55