habla a favor, porque ha aprendido de apuro un dialecto más o menos democrático y, en un momento en que tiene la obsesión de ser centro y de privatizarlo todo, hasta a Jesucristo, no quiere que le recuerden su querido apocalipsis. En cuanto a la izquierda, cierta parte no habla en contra para que no la tilden de rencorosa o vengativa, pero otra porción se calla porque también se ha encandilado con el centro. Hay tantos marxistas que reniegan de Marx como cristianos que abominan de Cristo. John Updike cuenta en su autobiografía que a su abuelo, todo un erudito, la familia le tomaba el pelo diciendo que ?sabía estar callado en doce idiomas?. Pues bien, ahora ha proliferado otro tipo de silenciosos, que saben estar callados en tres o cuatro ideologías. ?Te retruco con Borges, que si bien dijo muchas lúcidas gansadas a lo largo de su ceguera, las fue compensando con visiones geniales como ésta: ?Una cosa no hay, y es el olvido?. ?Es cierto, ¿pero te has preguntado de qué sirve no olvidar? Después de todo, a Borges le era más fácil porque, como buen ciego, vivía y sobrevivía gracias a su memoria, que precisamente es el no olvido. ?Te confieso que a mí me sirve no olvidar. Es una zona triste, lúgubre, pero imprescindible. Lo peor que podría sobrevenirme es una amnesia. ?A veces hablás como un personaje de Henry James que hubiera leído al primer Onetti. ?Algo cronológicamente imposible. ?Y por eso más sabroso. ?Ego te absolvo.
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Pocket Andamios.p65
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