Test Drive | 页面 101

La tripulación no hablaba. Sabía que cualquier intento de ablandar al vengador sería inútil. La chalupa se distanciaba cada vez más. Ya sólo era un bulto negro entre la olas, al que la fosforescencia y los relámpagos hacían centellear. De pronto se la veía sobre las olas, para desaparecer luego y volver a aparecer, como si un ser misterioso la protegiera. Incluso centelleó por última vez durante unos pocos minutos; luego desapareció en el oscuro horizonte. Los filibusteros, horrorizados, volvieron sus miradas hacia el puente de mando. El Corsario Negro se había encogido sobre sí mismo, y se dejaba caer sobre un montón de cuerdas con el rostro entre las manos. A pesar de los silbidos del viento y del estruendo del mar, se oían sus ocultos sollozos. Acercándose a Wan Stiller, Carmaux le indicó el puente de mando: —¡El Corsario Negro llora! —dijo con lágrimas en sus ojos. Página 101