Test Drive | Página 60
60
Introducción a la arquitectura. Conceptos fundamentales
Entre los siglos XVI y XVIII se produce una
revolución científica en la que la ciencia moderna
intenta conocer el universo. En este contexto, el
interés por la naturaleza, que ya se había explicitado en los textos de Aristóteles -países y culturas, especies animales y vegetales-, llega al
máximo.
Consciente de la inmensidad del universo y
de la incapacidad para abarcarlo todo, el hombre
del Renacimiento y del Barroco se entregó al
disfrute hedonista de la naturaleza. Durante el
Renacimiento, el arte empieza a convertirse en el
vehículo de una relación diferente entre los hombres y la naturaleza. En la pintura, empezando
por Giotto, entra el paisaje. La evolución que va
del jardín italiano al inglés es la expresión de
esta búsqueda de la conciliación con la naturaleza. Con el pintoresquismo inglés, la casualidad
y el instante se alían con el entorno natural. La
puerta del disfrute de los colores y las sensaciones, que hasta entonces había permanecido
sellada, se abre a nuevas formas creativas, subjetivas e individuales, que anuncian el arte y la
arquitectura moderna. Hacia mediados del siglo
XVIII, el empirismo aproxima aún más la arquitectura a la naturaleza y los arquitectos se esfuerzan en imitar la “bella naturaleza”
En Italia, desde el Renacimiento hasta el
Barroco, se mantiene la constante de la villa
como centro de la unidad de producción agrícola, partiendo de una inicial contraposición
entre la arquitectura, con su entorno ajardinado
próximo, y la naturaleza, como ámbito lejano.
Como herencia de la Edad Media, la naturaleza aún es concebida como caos y la arquitectura y la ciudad son las que aportan el orden.
Véanse los ejemplos de la villa Aldobrandini y
de Bomarzo, creados como jardines eminente-
mente arquitectónicos que configuran espacios
de estar al aire libre. El jardín italiano sintetiza
buena parte de los significados históricos que
los jardines -con sus árboles, plantas, objetos,
arquitecturas e instalaciones de agua- han adoptado a lo largo de los tiempos, tomando referencias especialmente de la jardinería clásica y de
Plinio el Joven cuando describe su villa en la
Toscana.3
El jardín francés, que parte del Renacimiento
italiano, va configurando sus propios métodos
de composición basados en la perspectiva, con
avenidas axiales y en diagonal que culminan en
la masa potente y simétrica del palacio o castillo. El racionalismo cartesiano y el dominio de
la monarquía absoluta encuentran su plasmación
en la geometría. No en vano la obra magna del
rey Sol, Luis XIV, es un palacio y su inmenso
jardín, en Versalles, es la máxima manifestación
de un poder absoluto que se expresa mediante
los recursos de la geometría y la perspectiva utilizados hábilmente por el arquitecto paisajista
Le Nôtre. La imagen extrema del poder sobre el
mundo se expresa en la arquitectura de jardines,
en la visión dominante desde el Gran Salón del
palacio a través de la terraza, el jardín de parterres y el Gran Canal hacia el horizonte, el infinito.4 En el jardín italiano y en el jardín francés
es aún el sistema geométrico procedente de la
cultura de la ciudad el que se estampa e impone
sobre el paisaje existente.
Durante el periodo barroco, con la proliferación de villas y jardines en Europa, y durante
la Ilustración, con la reafirmación del mito de la
Véase Wilfried Hansmann, Jardines del Renacimiento y Barroco,
Nerea, Madrid, 1989.
4
Bernard Jeannel, Le Nôtre, Stylos, Barcelona, 1986.
3
© Los autores, 2001; © Edicions UPC, 2001.