––Le aseguro que no tengo relación alguna con los que le han estado interrogando ––
dijo Holmes con tono indiferente––. Si no nos lo quiere decir, la apuesta se queda en
nada. Pero me considero un entendido en aves de corral y he apostado cinco libras a que
el ave que me comí es de campo.
––Pues ha perdido usted sus cinco libras, porque fue criada en Londres ––atajó el
vendedor.
––De eso, nada.
––Le digo yo que sí.
––No le creo.
––¿Se cree que sabe de aves más que yo, que vengo manejándolas desde que era un
mocoso? Le digo que todos los gansos que le vendí al Alpha eran de Londres.
––No conseguirá convencerme.
––¿Quiere apostar algo?
––Es como robarle el dinero, porque me consta que tengo razón. Pero le apuesto un
soberano, sólo para que aprenda a no ser tan terco.
El vendedor se rió por lo bajo y dijo:
––Tráeme los libros, Bill.
El muchacho trajo un librito muy fino y otro muy grande con tapas grasientas, y los
colocó juntos bajo la lámpara.
––Y ahora, señor Sabelotodo ––dijo el vendedor––, creía que no me quedaban gansos,
pero ya verá cómo aún me queda uno en la tienda. ¿Ve usted este librito?
––Sí, ¿y qué?
––Es la lista de mis proveedores. ¿Ve usted? Pues bien, en esta página están los del
campo, y detrás de cada nombre hay un número que indica la página de su cuenta en el
libro mayor. ¡Veamos ahora! ¿Ve esta otra página en tinta roja? Pues es la lista de mis
proveedores de la ciudad. Ahora, fijese en el tercer nombre. Léamelo.
––Señora Oakshott,117 Brixton Road... 249 ––leyó Holmes.
––Exacto. Ahora, busque esa página en el libro mayor. Holmes buscó la página
indicada.
––Aquí está: señora Oakshott, 117 Brixton Road, proveedores de huevos y pollería.
––Muy bien. ¿Cuáles la última entrada?
––Veintidós de diciembre. Veinticuatro gansos a siete chelines y seis peniques.
––Exacto. Ahí lo tiene. ¿Qué pone debajo?
––Vendidos al señor Windigate, del Alpha, a doce chelines.
––¿Qué me dice usted ahora?
Sherlock Holmes parecía profundamente disgustado. Sacó un soberano del bolsillo y lo
arrojó sobre el mostrador, retirándose con el aire de quien está tan fastidiado que incluso
le faltan las palabras. A los pocos metros se detuvo bajo un farol y se echó a reír de aquel
modo alegre y silencioso tan característico en él.
––Cuando vea usted un hombre con patillas recortadas de ese modo y el «Pink `Un»
asomándole del bolsillo, puede estar seguro de que siempre se le podrá sonsacar mediante
una apuesta ( >( 6F