rendimiento del 100% el medio tendría que estar en el cero absoluto (Tsumidero = 0) o el vapor tendría que estar infinitamente caliente
(Tfuente = ∞); ninguna de las dos cosas es posible.
El análisis de Carnot estableció una propiedad esencial de las máquinas térmicas, pero una conclusión así resultaba tan ajena a los
prejuicios de la ingeniería de la época que tuvo poco impacto. Tal es a menudo el sino del pensamiento racional en la sociedad, ser
enviado al purgatorio por una temporada. Algo más avanzado el siglo, y desde la ignorancia casi completa sobre los trabajos de Carnot,
se reavivó el interés por el calor; dos gigantes intelectuales irrumpieron en escena y estudiaron la cuestión del cambio, y en particular
la conversión de calor en trabajo, desde una perspectiva diferente.
9. Las observaciones de Kelvin (a la izquierda) y Clausius (a la derecha) son, respectivamente, que es esencial la existencia de un sumidero frio para el funcionamiento de
una maquina térmica y que el calor no fluye espontáneamente desde un cuerpo frio a uno más caliente.
El primero de los gigantes, William Thomson, más tarde conocido como Lord Kelvin (1824-1907), reflexionó sobre la estructura
esencial de las máquinas térmicas. Mientras que mentes menos lúcidas habrían considerado como componente crucial la fuente de
calor, o quizá la maquinaria del émbolo, Kelvin —como lo llamaremos, de una manera algo anacrónica— lo vio de otra manera:
identificó como indispensable lo invisible, descubriendo que el sumidero frío —a menudo consistente en el medio, sin diseño
alguno— era esencial. Kelvin se dio cuenta de que sin el medio la máquina no funcionaría. Para ser más precisos, el enunciado de
Kelvin de la segunda ley de la termodinámica es (figura 9):
es imposible la existencia de un proceso cíclico en el cual el calor absorbido de una fuente de calor se convierta íntegramente en trabajo.
Dicho de otra manera, la naturaleza pide un impuesto por la conversión de calor en trabajo: parte de la energía suministrada por la
fuente de calor debe pagarse al medio en forma de calor. Tiene que existir un sumidero frío, incluso aunque pudiera ser difícil de
identificar, ya que no siempre es una parte proyectada del diseño. Las torres de enfriamiento de una central eléctrica son, en este
sentido, mucho más importantes por lo que respecta a su funcionamiento que las turbinas complejas o el caro reactor nuclear.
El segundo de los gigantes fue Rudolph Clausius (1822-1888), que trabajaba en Berlín. Reflexionó sobre un proceso más simple: el