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Justo replicó el canadiense , pues tenemos derecho a dos comidas, y por mi parte haría honor a ambas. Pues bien, Ned, esperemos respondí . Es evidente que estos desconocidos no tienen la intención de dejarnos morir de hambre, ya que si así fuera no tendría sentido la comida de ayer. A menos que ese sentido sea el de cebarnos ¡Protesto! replicó Ned. respondí . No hemos caído entre canibales. Una golondrina no hace verano dijo con seriedad el ca-nadiense . Quién sabe si esta gente no estará privada desde hace mucho tiempo de carne fresca, y en ese caso, tres hom-bres sanos y bien constituidos como el señor profesor, su do-méstico y yo... Aleje de sí esas ideas, señor Land respondí al arpone-ro , y, sobre todo, no se base en ellas para encolerizarse con-tra nuestros huéspedes, lo que no haría más que agravar nuestra situación. En todo caso dijo el arponero , tengo un hambre en-diablada, y ya sea la cena o el almuerzo, no llega. Señor Land repliqué , hay que conformarse al regla-mento de a bordo, y supongo que nuestros estómagos se adelantan a la campana del cocinero. Pues bien, los pondremos en hora dijo con tranquili-dad Conseil. Sólo usted podría hablar así, amigo Conseil replicó el irascible canadiense . Se ve que usa usted poco su bilis y sus nervios. ¡Siempre tranquilo! Sería usted capaz de decir el Deo gracias antes que el benedícite y de morir de hambre antes que de quejarse. ¿De qué serviría? dijo Conseil. ¡Pues serviría para quejarse! Ya es algo. Y si estos piratas (y digo piratas por respeto y por no contrariar al señor pro-fesor, que prohibe llamarles canibales) se figuran que van a guardarme en esta jaula en la que me ahogo, sin oír las im-precaciones con que yo suelo sazonar mis arrebatos, se equi-vocan de medio a medio. Veamos, sefíor Aronnax, hable con franqueza, ¿cree usted que nos tendrán por mucho tiempo en esta jaula de hierro? A decir verdad, sé tanto como usted, amigo Land. Pero ¿qué es lo que usted supone? Supongo que el azar nos ha hecho conocer un importan-te secreto. Y si la tripulación de este barco submarino tiene interés en mantener ese secreto, y si ese interés es más impor-tante que la vida de tres hombres, creo que nuestra existencia se halla gravemente