Amigos míos, estamos ligados los unos a los otros para siempre, y ambos tenéis derechos
sobre mí, que...
-De los que yo usaré y abusaré -replicó, interrumpiéndo-me, el canadiense.
¿Qué?
dijo Conseil.
Sí añadió Ned Land . El derecho de arrastrarle conmi-go cuando abandone este
infernal Nautilus.
Por cierto
dijo Conseil-, ¿vamos en la buena dirección?
Sí, puesto que vamos siguiendo al sol, y el sol, aquí, es el Norte -dije.
Cierto, pero está por saber si nos dirigimos al Pacífico o al Atlántico, es decir, hacia los
mares frecuentados o de-siertos.
No podía yo responder a esta observación de Ned Land, y mucho me temía que el capit