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Sí. 16. Sin aire Así, pues, un impenetrable muro de hielo rodeaba al Nautilus por encima y por debajo. Éramos prisioneros de la gran banca de hielo. El canadiense expresó su furor asestan-do un formidable puñetazo a una mesa. Conseil estaba si-lencioso. Yo miré al capitán. Su rostro había recobrado su habitual impasibilidad. Estaba cruzado de brazos y reflexio-naba. El Nautilus no se movía. El capitán habló entonces: Señores dijo con una voz tranquila , en las condiciones en que estamos hay dos maneras de morir. El inexplicable personaje tenía el aire de un profesor de mate