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ha ocurrido. Uno de estos bloques al volcarse se ha abatido sobre el Nautilus, que flota-ba bajo las aguas. Luego se ha deslizado bajo su casco y lo ha subido con una irresistible fuerza hasta capas menos densas, sobíe las que se halla tumbado su flanco. ¿No es posible liberar al Nautilus vaciando sus depósitos para reequilibrarlo? Es lo que está haciéndose en estos momentos, señor. Puede usted oír el ruido de las bombas en funcionamiento. Mire la aguja del manómetro, indica que el Nautilus sube, pero el bloque de hielo también lo hace con él, y hasta que no surja un obstáculo que detenga su movimiento ascensional nuestra posición no cambiará. En efecto, el Nautilus seguía tumbado a estribor. Sin duda, se levantaría cuando el bloque que lo impulsaba se de-tuviera. Pero ¿quién sabe si entonces no habríamos chocado con la parte superior del banco, si no nos veríamos espanto-samente comprimidos entre las dos masas de hielo? Meditaba yo en todas las consecuencias de la situación, mientras el capitán Nemo no cesaba de observar el manó-metro. Desde la caída del iceberg, el Nautilus había ascendi-do unos ciento cincuenta pies, pero continuaba haciendo el mismo ángulo con la perpendicular. Súbitamente se notó un ligero movimiento en el casco. El Nautilus se enderezaba un poco. Los objetos suspendidos en el salón iban recuperando sensiblemente su posición nor-mal. Las paredes se acercaban a la verticalidad. Permanecía-mos todos en silencio, observando, llenos de emoción, el movimiento que hacía que el suelo fuera recuperando la ho-rizontalidad bajo nuestros pies. Transcurrieron así diez mi-nutos. ¡Al fin Sí exclamé , ya está! dijo el capitán Nemo, que se dirigió a la puerta del salón. Pero ¿podrá salir a flote? le pregunté. Sí respondió , puesto que los depósitos no están aún vacíos, y una vez vaciados, el Nautilus se remontará a la su-perficie del mar. Salió el capitán, y pronto pude ver que había ordenado detener la marcha ascensional del Nautilus. De haber continuado ésta, pronto habría chocado con la parte inferior del banco de hielo. Más valía mantenerlo entre dos aguas. ¡De buena nos hemos librado! -dijo Conseil. Sí, podíamos haber sido aplastados entre esos bloques de hielo o, al menos, quedar aprisionados. Y entonces, faltos de poder renovar el aire... Sí, ¡de buena nos hemos librado! Si es que ya hemos salido de ésta murmuró Ned Land.