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Por poco que lo haga, me bastará respondió el capitán. Hacia el Sur y a unas diez millas del Nautilus un islote soli-tario se elevaba hasta una altura de unos doscientos metros. Hacia ese islote nos dirigíamos, pero prudentemente, pues el mar podía estar sembrado de escollos. Una hora más tarde alcanzamos el islote. Invertimos otra hora en circunvalarlo. Medía de cuatro a cinco millas de cir-cunferencia. Un estrecho canal le separaba de una tierra de considerable extensión, un continente tal vez cuyos límites no podíamos ver. La existencia de esa tierra parecía dar ra-zón a las hipótesis de Maury. El ingenioso americano ha ob-servado, en efecto, que entre el Polo Sur y el paralelo 60 el mar está cubierto de hielos flotantes de enormes dimensio-nes que no se encuentran nunca en el Atlántico Norte. De esa observación ha concluido que el círculo antártico encie-rra extensiones de tierra considerables, puesto que los ice-bergs no pueden formarse en alta mar, sino únicamente en las cercanías de las costas. Según sus cálculos, las masas de los hielos que envuelven al Polo austral forman un vasto casquete cuya anchura debe alcanzar cuatro mil kilóme-tros. El Nautilus, por temor a encallar, se detuvo a unos tres ca-bles de un banco de arena dominado por un soberbio con-glomerado de rocas. Se lanzó el bote al mar y embarcamos el capitán, dos de sus hombres, portadores de los instrumen-tos, Conseil y yo. Eran las diez de la mañana. No había visto a Ned Land. Sin duda, el canadiense no quería aceptar el error de su predicción sobre nuestra marcha al Polo Sur. Unos cuantos golpes de remo condujeron al bote hasta la orilla, donde encalló en la arena. Retuve a Conseil en el momento en que se disponía a sal-tar a tierra, y, dirigiéndome al capitán Nemo, le dije: -Le corresponde a usted el honor de pisar el primero esta tierra. Sí, señor, en efecto respondió el capitán , y lo hago sin vacilación porque ningún ser humano ha plantado hasta ahora el pie en esta tierra del Polo. El capitán Nemo saltó con ligereza sobre la arena. Una viva emoción le aceleraba el corazón. Escaló V