17. A estos confines de la tierra han venido estos mensajes de
Dios.
18. Nuestro pueblo ha exaltado los ritos de sacrificios y ha
descuidado la bondad, la justicia y los derechos humanos.
19. Vosotros fariseos, vosotros sacerdotes, vosotros escribas:
vuestro Dios está saciado de sangre. Dios no oye vuestras
peticiones, os presentáis ante vuestras víctimas que se
queman, pero os presentáis en vano.
20. Tornaos en testimonios de la ley; reformaos y tornad a Dios
y viviréis.
21. No permitáis que vuestros altares sean malditos otra vez
con el humo de los inocentes.
22. Traed a Dios como sacrificio un corazón destrozado y
contrito.
23. Quita de vuestros compañeros hombres la carga que les
habéis impuesto.
24. Pero si no cedéis y tornáis de vuestras vías erróneas. Dios
herirá esta nación con su maldición.
25. Y cuando hubo dicho esto se hizo a un lado, y todos estaban
asombrados y decían:
26. ¿Dónde adquirió este hombre todo su conocimiento y su
poder? ¿De dónde te vino toda esta sabiduría?
27. ¿No es el hijo de María que vive en la Vía Mamión?
28. ¿No son sus hermanos Judas, Santiago, Simón, conocidos
entre nuestros honorables? ¿No están sus hermanas con
nosotros aquí?
29. Pero todos estaban ofendidos por las palabras que el había
hablado.
30. Y Jesús dijo: Nadie es profeta en su tierra nativa, ni es bien
recibido entre sus parientes; sus enemigos están en su hogar.
31. Y Jesús no hizo muchos de los grandes trabajos en
Nazareth porque sus habitantes no tenían fe en él. No se quedó
allí largo tiempo.
32. Pero al salir, dos ciegos le siguieron, gritando: Hijo de
David, óyenos. Señor, compadécete y abre nuestros ojos para
que podamos ver.
33. Y Jesús dijo: ¿Creéis que puedo abrir vuestros ojos y
dejaros ver?