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Anastasio Ovejero Bernal
puede implicar ya, como señala Crespo, una teoría social del conocimiento
y tiene que ver con una de las transformaciones principales que se han
dado en el pensamiento contemporáneo, como es el desplazamiento del
foco de interés desde la conciencia al lenguaje. Una de las características de
esta nueva situación consiste en lo que se ha llamado «giro lingüístico»,
según el cual la relación con el mundo y la operaciones constituidoras del
mismo «pasan de la subjetividad trascendental a estructuras gramaticales»
(Habermas, 1990, pág. 17).
En conclusión, la premisa fundamental del paradigma cognitivista,
según la cual no es el mundo en sí mismo lo que determina la acción
humana sino el modo como es percibido, le ha reportado a nuestra disciplina algunos importantes beneficios, pero también algunos graves riesgos.
«Ciertamente, la revolución cognitiva ha sido un logro intelectual de primera magnitud. Ha logrado abrir un amplio panorama sobre la investigación excitante y sugerente, ha planteado un sinnúmero de nuevas e interesantes preguntas, y ha proporcionado soluciones creativas a los problemas
de larga duración. Sin embargo, como espero poder determinar, el precio
que ha pagado la psicología por estos logros es en realidad alto. Para los
psicólogos sociales en particular, esta revolución es una desviación autoinmoladora de su principal cometido, el de esforzarse por resolver conceptual y prácticamente las complejidades de la vida social vigente» (Gergen,
1996, pág. 154). Y es que, añade Gergen, «al hacer hincapié en los mecanismos internos, los cognitivistas suprimen los problemas del mundo real
en el que las personas están atrapadas». A mí, personalmente, me interesa
más una psicología en la que quepan, y con carácter de protagonistas, términos como dignidad, intencionalidad y libertad. Y esa psicología no es ni
el conductismo ni el cognitivismo, sino que va más bien por los derroteros
de algunas otras corrientes, como el interaccionismo simbólico, la etnometodología, la etogenia y el socioconstruccionismo que es hijo del «giro posmoderno» (véase Ibáñez, 1992, y Lax, 1996).
Orientaciones sociológicas
Una de las consecuencias de la crisis de la psicología social fue el
aumento del énfasis en las perspectivas interaccionistas. De hecho, en los
últimos años han aparecido bastantes textos de psicología social expresamente concebidos bajo esta perspectiva, cuyo supuesto fundamental es que
la estructura social y la persona se influyen mutuamente (Stryker, 1977),
que justamente es lo que permite, y hasta exige, este terreno fronterizo
entre la sociología y la psicología, terreno que debe ser ocupado con toda
legitimidad por esa disciplina también fronteriza que es la psicología social.
Y es que, como decía Cooley, individuo y sociedad no son sino «dos caras
de la misma moneda».
Las dos principales teorías en este campo son el interaccionismo simbólico y la teoría del rol, y ambas tienen varias características en común,