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396 Anastasio Ovejero Bernal puede implicar ya, como señala Crespo, una teoría social del conocimiento y tiene que ver con una de las transformaciones principales que se han dado en el pensamiento contemporáneo, como es el desplazamiento del foco de interés desde la conciencia al lenguaje. Una de las características de esta nueva situación consiste en lo que se ha llamado «giro lingüístico», según el cual la relación con el mundo y la operaciones constituidoras del mismo «pasan de la subjetividad trascendental a estructuras gramaticales» (Habermas, 1990, pág. 17). En conclusión, la premisa fundamental del paradigma cognitivista, según la cual no es el mundo en sí mismo lo que determina la acción humana sino el modo como es percibido, le ha reportado a nuestra disciplina algunos importantes beneficios, pero también algunos graves riesgos. «Ciertamente, la revolución cognitiva ha sido un logro intelectual de primera magnitud. Ha logrado abrir un amplio panorama sobre la investigación excitante y sugerente, ha planteado un sinnúmero de nuevas e interesantes preguntas, y ha proporcionado soluciones creativas a los problemas de larga duración. Sin embargo, como espero poder determinar, el precio que ha pagado la psicología por estos logros es en realidad alto. Para los psicólogos sociales en particular, esta revolución es una desviación autoinmoladora de su principal cometido, el de esforzarse por resolver conceptual y prácticamente las complejidades de la vida social vigente» (Gergen, 1996, pág. 154). Y es que, añade Gergen, «al hacer hincapié en los mecanismos internos, los cognitivistas suprimen los problemas del mundo real en el que las personas están atrapadas». A mí, personalmente, me interesa más una psicología en la que quepan, y con carácter de protagonistas, términos como dignidad, intencionalidad y libertad. Y esa psicología no es ni el conductismo ni el cognitivismo, sino que va más bien por los derroteros de algunas otras corrientes, como el interaccionismo simbólico, la etnometodología, la etogenia y el socioconstruccionismo que es hijo del «giro posmoderno» (véase Ibáñez, 1992, y Lax, 1996). Orientaciones sociológicas Una de las consecuencias de la crisis de la psicología social fue el aumento del énfasis en las perspectivas interaccionistas. De hecho, en los últimos años han aparecido bastantes textos de psicología social expresamente concebidos bajo esta perspectiva, cuyo supuesto fundamental es que la estructura social y la persona se influyen mutuamente (Stryker, 1977), que justamente es lo que permite, y hasta exige, este terreno fronterizo entre la sociología y la psicología, terreno que debe ser ocupado con toda legitimidad por esa disciplina también fronteriza que es la psicología social. Y es que, como decía Cooley, individuo y sociedad no son sino «dos caras de la misma moneda». Las dos principales teorías en este campo son el interaccionismo simbólico y la teoría del rol, y ambas tienen varias características en común,