Modernidad y psicología social: orientaciones…
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sonalidad, sobre todo la familia, lo que se manifiesta abiertamente en sus
trabajos (complejo de Edipo, complejo de Electra, complejo de castración,
etc.); 3) Psicología de grupo: esencialmente, la postura de Freud en este
campo consiste en que las relaciones libidinosas y la identificación con el
líder, son las razones fundamentales que explican el agrupamiento de personas que constituyen un grupo psicológico; y 4) Estudios sobre la personalidad autoritaria: ya en sus comienzos el psicoanálisis criticó radicalmente
los valores de la sociedad occidental. Fue una psicología que desenmascaró
las discrepancias entre las apariencias sociales y las realidades psicológicas
subyacentes; reveló las dificultades que experimentaban los hombres y las
mujeres en sus relaciones más íntimas; señaló cómo se utilizaba la autoridad de los padres para alienar al niño de sus impulsos básicos, etc. Sus críticas a la sociedad atrajeron la atención de muchos científicos progresistas
liberales que se interesaban por las relaciones entre cultura y personalidad.
Durante el período transcurrido entre las dos guerras mundiales, ese interés se manifestó en la iniciación de las investigaciones sobre autoritarismo:
siguiendo el camino abierto, entre otros, por Fromm (1941) y también por
Reich (1933), Adorno y colaboradores (1950), en una obra realmente
magistral, procuraron comprender las raíces y corolarios del prejuicio combinando la orientación teórica del psicoanálisis con la metodología de la
psicología social y la psicología clínica. La base de esta teoría es la
siguiente: la necesidad del niño de reprimir rígidamente toda hostilidad
hacia los padres conduce a una identificación con la autoridad y a una idealización de la misma, con un desplazamiento concomitante de la hostilidad
hacia grupos externos que generalmente pertenecen a estatus inferiores,
como ya vimos en el capítulo XIV.
En suma, pues, aunque Freud y el psicoanálisis apenas influyeron sobre
la psicología social experimental, sí fue mucho mayor su influencia sobre la
psicología social no experimental (véanse dos interesantes y largos capítulos sobre este tema, uno de Blanch, 1983 titulado «Psicoanálisis Cultural»,
y otro de Munné, 1989 titulado «Psicoanálisis Social»).
b) Conductismo: Tampoco el conductismo fue muy influyente en nuestra disciplina (véase Jiménez Burillo, 1980), tal vez porque el esquema E-R
era incapaz de dar cuenta de la complejidad de los fenómenos sociales. De
todas formas su influencia sí fue importante en algunos temas como el
aprendizaje social (Miller y Dollard, Bandura, etc.,), la persuasión (Hovland, Janis, etc.) y las teorías del intercambio y sus aplicaciones. A estos
tres temas hay que añadir un cuarto que en las dos últimas décadas está
alcanzando una gran relevancia: el entrenamiento de las habilidades sociales, que une la psicología social con la psicología clínica de corte conductista (véase Ovejero, 1990e). Sin embargo, hay que tener en cuenta que en
su aplicación a la psicología social el conductismo se hace, al menos en mi
opinión, menos conductista y más cognitivista, incorporando variables cognitivas como las expectativas, etc. ܈