La construcción histórica de la psicología social
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del rol de psicólogo. Y comenzó, también aquí, siguiendo el camino experimentalista trazado por la psicología social norteamericana. Sin embargo,
ya a mediados de los 60 y sobre todo a lo largo de los 70, y por la necesidad de construir una psicología social que se acercara más a la explicación
de la realidad latinoamericana, comenzó a surgir una corriente psicosocial
que se fue apartando paulatinamente de la experimental, con lo que se fue
perfilando una psicología social latinoamericana con características propias
(crítica, aplicada y comprometida). En efecto, en esa época empezaron a producirse los cuestionamientos por la relevancia social de la disciplina así como
por su validez y adecuación al contexto social e histórico de América Latina,
con lo que comenzó a gestarse un enfoque psicosocial abiertamente crítico,
destacando algunas obras de Gerardo Marín, J. M. Salazar, Maritza Montero,
Aroldo Rodrigues, Ignacio Martín Baró, asesinado en El Salvador por los
ultraderechistas, etc. Como señalan Sabucedo y colaboradores (1997, pág. 187),
la aparición de estas publicaciones van delineando cada vez con mayor
nitidez un perfil propio, el cual si bien sigue coexistiendo con producciones que se enmarcan dentro de la tendencia anterior y la influencia norteamericana, va evolucionando hacia la definición de una psicología social
relacionada con la problemática que estudia, que intenta adecuarse a realidades históricas y sociales específicas, que se pregunta por su potencialidad de aplicación y que se propone colaborar con la producción de
cambios favorables y socialmente relevantes. Con esta óptica se trabajó
desde mediados de la década de los 70 en la generación de teorías y
métodos alternativos que pudieran resultar más adecuados,
constituyendo un claro ejemplo de todo ello la consolidación en diferentes
países de América Latina de una psicología social comunitaria, inclinada
obviamente a la intervención, que utiliza métodos no experimentales como
la observación participante y que se autodefine como un instrumento para
el cambio social. En esta misma línea se coloca la llamada psicología de la
liberación, encabezada, sobre todo, por Martín Baró (1982, 1983, 1989).
Otras líneas propias de la psicología social latinoamericana, en las que claramente se perciben estas características propias, son la psicología social de
la salud, la psicología social ambiental y la psicología social política.
Conclusión
Desde tiempos inmemoriales, nuestros antepasados se han hecho las
mismas preguntas que nos hacemos ahora: ¿cómo hace una generación
para imponer su cultura a la siguiente?, ¿qué pasa en la vida mental del
individuo cuando ese individuo se asocia con otras personas?, ¿qué es la
naturaleza social del hombre?, de forma que sus respuestas pueden sernos
de suma utilidad. Incluso sus errores podrán sernos útiles y hasta, en ocasiones, necesarios, al menos para no volver a tropezar en las mismas piedras. De ahí la necesidad de un enfoque histórico en nuestra disciplina,