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Anastasio Ovejero Bernal
pocos años se produjo una expansión notabilísima de la psicología social,
hasta el punto de que si la entidad de una ciencia se midiese por el número
de sus miembros, no sería desacertado afirmar que la psicología social nace
en los Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial. Cartwright
(1979, pág. 85) manifiesta que «como un resultado de la explosión de
población en la disciplina en los últimos treinta años, algo así como el 90
por 100 de los psicólogos sociales que han existido están vivos en el
momento presente». Además, esta población de psicólogos sociales, añade
Cartwright, «es el producto de una sola generación de personas que fueron
entrenados por un número muy reducido de profesores con unos antecedentes comunes y un punto de vista bastante homogéneo», que eran europeos y judíos en su mayor parte (Lewin, Asch, Heider, etc.). Por consiguiente, la psicología social norteamericana es, en algún sentido, europea.
Más en concreto, tal vez «el grupo más influyente en la historia de la psicología social sea el de aquellos que trabajaron con Kurt Lewin y que, de
un modo más o menos directo, se inspiraron en las ideas de éste» (Crespo,
1995, pág. 86). Según Perlman (1984), ocho de los diez psicólogos sociales
más citados son descendientes directos de esta línea de investigación.
4) La llegada de la «guerra fría»: tras la Segunda Guerra Mundial
comenzó una guerra no declarada («guerra fría») entre los dos grandes vencedores, los Estados Unidos y la Unión Soviética. En este contexto, en Estados Unidos el general McCarthy impuso una «semidictadura» caracterizada
por una fuerte censura a todos los niveles conocida con el nombre de «caza
de brujas» (recuérdese la película que con este mismo título y protagonizado
por Robert de Niro, denuncia la política del macartismo en el mundo de
Hollywood). Pues bien, si la psicología social venía siendo muy poco social,
esta política de caza de brujas del marcatismo impidió definitivamente que la
psicología social fuese realmente social, cortando de raíz los intentos que en
esta dirección habían comenzado en los años 30, con autores como J. F.
Brown, y David Krech y el SPSSI. Desde entonces fue ya más fácil la adopción de un enfoque conductista en los más diversos campos psicosociológicos. La adopción masiva del experimento de laboratorio se encargó, de una
forma «científica», o sea, de una forma «neutra», de impedir que la psicología social tratase temas realmente psicosociológicos que tuviesen algo que ver
con la pretensión de cambiar la realidad, puesto que tales análisis no cabían
en las paredes frías y asépticas del laboratorio, de tal forma que siguió siendo
absolutamente predominante en psicología social el enfoque positivista, cuyo
excesivo experimentalismo y psicologismo por fuerza tenía que entrar en crisis, como así ocurrió, tal como veremos en el próximo apartado.
Sin embargo, aunque totalmente dominante en la psicología social norteamericana, la corriente experimentalista y psicologista no fue la única.
Hubo, como mínimo, otras dos corrientes de las que sólo la primera ha
tenido continuidad:
a) El enfoque interaccionista de Cooley (1863-1929) y Mead (18631931), que reacciónó contra la psicología social del instinto, tan de moda