La construcción histórica de la psicología social
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de otra, expresión de modos caducos de explicar (la sugestión, el instinto)
que posteriormente tuvieron poca acogida» (Crespo, 1995, pág. 64).
En definitiva, aunque la psicología social tiene sus raíces en las ciencias
sociales europeas de la segunda mitad del siglo xix, fue en los Estados Unidos donde realmente se desarrolló como disciplina científica, sobresaliendo
cuatro hechos, de diferente tipo, en la conformación de tal desarrollo:
1) La influencia de F. Allport y de su manual de 1924: lo que hizo este
autor fue llevar a la psicología social el individualismo metodológico del
positivismo que él había aprendido de su maestro, el conductista Holt. Con
ello, la psicología será a partir de entonces predominantemente psicologista, individualista y experimentalista.
2) Llegada del nacionalsocialismo al poder en Alemania: este hecho fue
tan influyente en la psicología social norteamericana que le hizo decir a
Cartwright (1979) que ha sido Hitler el personaje más influyente de todos
los tiempos en la psicología social. De hecho, fue la represión nazi contra
los judíos y contra los progresistas lo que obligó a muchos psicólogos alemanes a emigrar a Estados Unidos, de tal forma que muchos de los grandes nombres de la psicología social americana de los años 50 y 60 son
europeos, principalmente alemanes: Lewin, Heider, Asch, Adorno, Jahoda,
Fromm, Reich, etc., o discípulos suyos: Festinger, Back, etc. Además, sin
los fenómenos provocados por Hitler (la propia Guerra Mundial, la irracionalidad de su sistema, el holocausto judío, el racismo como antisemitismo, etc.) la psicología social hubiera sido bien distinta.
3) La entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial: como
consecuencia de la participación de los psicólogos sociales en la Guerra
Mundial, recibieron en recompensa sus títulos de nobleza y unos presupuestos ilimitados de investigación. Y fue importante también, relacionado
con lo anterior, el hecho de que la American Psychological Association
(APA) crease dos secciones (la 8 y la 9) de psicología social que consagró
su reconocimiento institucional. «Pero lo que la disciplina gana en autonomía institucional lo pierde en el plano de la independencia teórica y de los
problemas. Aceptada en el seno de la APA, debe plegarse a sus normas de
funcionamiento y presentarse de una forma compatible con las opciones
epistemológicas, teóricas y metodológicas que han tenido su origen a espaldas de la especificidad de los objetos de la psicología social» (Apfelbaum,
1985b, pág. 9). Así, la psicología institucional es consciente de que la psicología social puede poner en tela de juicio incluso su propia identidad y
desde la APA se pondrán trabas para ello. A esto se unió un factor externo
de enorme importancia que veremos después: la guerra fría. Por consiguiente, como bien puntualiza Crespo, tras la Segunda Guerra Mundial la
psicología social se institucionaliza de modo definitivo, particularmente en
Estados Unidos, convirtiéndose en una disciplina académica reconocida
como tal. El objetivo de la