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Anastasio Ovejero Bernal
Psicología social de las relaciones internacionales
Como escribe Arenal (1994, pág. 464), «las relaciones internacionales se
configuran como una disciplina de integración y síntesis de los datos aportados por otras disciplinas, si bien el objetivo de su investigación aporta un
contenido superior que la confiere su especial carácter en el seno de las
Ciencias Sociales», dado que «en las relaciones internacionales concurren
factores históricos, políticos, sociales, económicos, culturales y psicológicos.
La participación de la psicología social en este contexto interdisciplinar no
sólo está plenamente justificada, sino que cada vez más se revela como
necesaria» (Garrido y Torregrosa, 1996, pág. 200). Es más, añaden estos
mismos autores,
las relaciones internacionales son, por último, el resultado de un complejo entramado de interacciones sociales en las que están presentes estrategias de negociación, cooperación e influencia sobre las que es posible la
intervención. De hecho, para los científicos sociales el campo de las relaciones internacionales se revela como un área de estudios cuya potencial
dimensión aplicada es paradigmática. En el caso particular de la psicología social, la parcela de intervención se centra en los procesos psicológicos presentes en los distintos ámbitos de interacción social implicados
tales como actitudes, percepciones y opiniones en relación con la propia
nación y las demás (pág. 201).
Todo esto se está haciendo cada vez más complejo a causa de los procesos de supranacionalización y de mundialización que están poniendo de
manifiesto muchas paradojas que no sólo se plasman en los problemas de
integración supraestatal (véase Mlinar, 1992; Swaan, 1995, etc.). Hoy día es
imposible separar el ámbito nacional del internacional, lo que exige cada
vez más la adopción de perspectivas analíticas de las relaciones internacionales al margen del tradicional marco de los Estados-Naciones. Al fenómeno de la globalización hay que añadir una creciente pluralidad etnocultural en el seno de los Estados nacionales occidentales. Este reto, si se
realiza exitosamente, añaden Garrido y Torregrosa, podría cuestionar seriamente la pervivencia del nacionalismo cultural que sirve de soporte simbólico a los Estados, con consecuencias inmediatas en los contenidos subjetivos tradicionales de las relaciones internacionales.
Ahora bien, ¿qué puede aportar la psicología social al análisis de las
relaciones internacionales? Mientras que la sociología acabó incorporándose formalmente a este campo, hasta entonces acaparado por el derecho,
la ciencia política y la historia, en cambio la psicología social ha permanecido en general desvinculada de este contexto. Esta desvinculación no ha
sido ajena en absoluto a su autodefinición como ciencia natural, al lado de
las ciencias biológicas y de espaldas a las sociales, aunque el vacío de la psicología social en las relaciones internacionales fue en cierta medida ocupado por la sociología. Sin embargo, estoy de acuerdo con Ramírez y