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358 Anastasio Ovejero Bernal Psicología social de las relaciones internacionales Como escribe Arenal (1994, pág. 464), «las relaciones internacionales se configuran como una disciplina de integración y síntesis de los datos aportados por otras disciplinas, si bien el objetivo de su investigación aporta un contenido superior que la confiere su especial carácter en el seno de las Ciencias Sociales», dado que «en las relaciones internacionales concurren factores históricos, políticos, sociales, económicos, culturales y psicológicos. La participación de la psicología social en este contexto interdisciplinar no sólo está plenamente justificada, sino que cada vez más se revela como necesaria» (Garrido y Torregrosa, 1996, pág. 200). Es más, añaden estos mismos autores, las relaciones internacionales son, por último, el resultado de un complejo entramado de interacciones sociales en las que están presentes estrategias de negociación, cooperación e influencia sobre las que es posible la intervención. De hecho, para los científicos sociales el campo de las relaciones internacionales se revela como un área de estudios cuya potencial dimensión aplicada es paradigmática. En el caso particular de la psicología social, la parcela de intervención se centra en los procesos psicológicos presentes en los distintos ámbitos de interacción social implicados tales como actitudes, percepciones y opiniones en relación con la propia nación y las demás (pág. 201). Todo esto se está haciendo cada vez más complejo a causa de los procesos de supranacionalización y de mundialización que están poniendo de manifiesto muchas paradojas que no sólo se plasman en los problemas de integración supraestatal (véase Mlinar, 1992; Swaan, 1995, etc.). Hoy día es imposible separar el ámbito nacional del internacional, lo que exige cada vez más la adopción de perspectivas analíticas de las relaciones internacionales al margen del tradicional marco de los Estados-Naciones. Al fenómeno de la globalización hay que añadir una creciente pluralidad etnocultural en el seno de los Estados nacionales occidentales. Este reto, si se realiza exitosamente, añaden Garrido y Torregrosa, podría cuestionar seriamente la pervivencia del nacionalismo cultural que sirve de soporte simbólico a los Estados, con consecuencias inmediatas en los contenidos subjetivos tradicionales de las relaciones internacionales. Ahora bien, ¿qué puede aportar la psicología social al análisis de las relaciones internacionales? Mientras que la sociología acabó incorporándose formalmente a este campo, hasta entonces acaparado por el derecho, la ciencia política y la historia, en cambio la psicología social ha permanecido en general desvinculada de este contexto. Esta desvinculación no ha sido ajena en absoluto a su autodefinición como ciencia natural, al lado de las ciencias biológicas y de espaldas a las sociales, aunque el vacío de la psicología social en las relaciones internacionales fue en cierta medida ocupado por la sociología. Sin embargo, estoy de acuerdo con Ramírez y