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Capítulo XXIV Ambiente físico y conducta social: psicología ambiental y ecología Introducción La estrecha relación existente entre psicología social y psicología ambiental estriba, como sostienen Corraliza y Gilmartín (1996), en la indisolubilidad de la unidad entre la experiencia social y la experiencia espacial. La experiencia humana es, en gran medida, el lugar en la que ocurre: toda actividad humana tiene un locus. No olvidemos que el ambiente físico es una parte importante del contexto en que nos desarrollamos y actuamos, de tal forma que una parte de nuestra conducta y hasta de nosotros mismos depende, al menos en parte, de él (véase Jiménez Burillo, 1981b). Pues bien, la psicología ambiental es la disciplina que estudia las relaciones de los sujetos humanos con su ambiente. Pero no sólo estudia la influencia que el ambiente tiene sobre las personas, también la que ejercen las personas sobre el ambiente, sobre todo como consecuencia de la enorme preocupación que están suscitando desde hace unos años los efectos dramáticos de tal influencia (contaminación ambiental, desforestación galopante, posible cambio climático, eliminación de especies animales, etc.)(véase Attfield, 1994; Hernández y cols., 1994; etc.). En consecuencia, la psicología ambiental también pretende fomentar la responsabilidad ambiental en campos como el reciclaje, el ahorro de energía, etc. «En definitiva, estamos hablando de una disciplina en la que se define su objeto de estudio como el análisis de los fenómenos ligados a la actividad humana en tanto en cuanto se desarrolla en un contexto ambiental determinado» (Hernández, 1997, pág. 6). Por tanto, esta disciplina se orienta hacia el análisis de los problemas generados por la interacción con el medio (Pol, 1993), pero no se dedica sólo al estudio de problemas, sino que también ha propuesto