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Psicología social de las organizaciones y del trabajo 321 dad y que disponga de un mínimo de autonomía». De ahí los gravísimos problemas psicosociales que está produciendo un fenómeno, desgraciadamente tan extendido, como es el desempleo, fenómeno del que se dice hoy día que no es meramente coyuntural sino estructural. Dicho en otros términos, que siempre nos acompañará y que nada podemos hacer por remediarlo. ¿No será que está desempeñando un importante papel político-económico tanto el propio desempleo como el convencimiento de su estructuralidad y de nuestra indefensión ante él? Intentar averiguarlo debería ser una de las misiones de la psicología del trabajo y de las organizaciones, pues estoy de acuerdo con Torregrosa (1994, pág. 79) en que «la psicología de las organizaciones, como cualquier otra ciencia social, lo que debe hacer es poner de manifiesto y profundizar en el entendimiento y comprensión de la problematicidad de los asuntos humanos». Y aquí hay, a mi modo de ver, mucho camino que recorrer. También la psicología del trabajo y de las organizaciones debería ser un instrumento de emancipación y no de todo lo contrario, como en más de una ocasión ocurre. En todo caso, «la aportación de la psicología social no debería quedarse en una reiterada constatación empírica de los efectos negativos del desempleo, sino que ese conocimiento debería sentar las bases de un diseño interventivo orientado a minimizar las consecuencias derivadas de la actual situación económica» (Álvaro, 1992, pág. 153).