Psicología social de las organizaciones y del trabajo
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dad y que disponga de un mínimo de autonomía». De ahí los gravísimos
problemas psicosociales que está produciendo un fenómeno, desgraciadamente tan extendido, como es el desempleo, fenómeno del que se dice
hoy día que no es meramente coyuntural sino estructural. Dicho en otros
términos, que siempre nos acompañará y que nada podemos hacer por
remediarlo. ¿No será que está desempeñando un importante papel político-económico tanto el propio desempleo como el convencimiento de su
estructuralidad y de nuestra indefensión ante él? Intentar averiguarlo
debería ser una de las misiones de la psicología del trabajo y de las organizaciones, pues estoy de acuerdo con Torregrosa (1994, pág. 79) en que
«la psicología de las organizaciones, como cualquier otra ciencia social,
lo que debe hacer es poner de manifiesto y profundizar en el entendimiento y comprensión de la problematicidad de los asuntos humanos».
Y aquí hay, a mi modo de ver, mucho camino que recorrer. También la
psicología del trabajo y de las organizaciones debería ser un instrumento
de emancipación y no de todo lo contrario, como en más de una ocasión
ocurre. En todo caso, «la aportación de la psicología social no debería
quedarse en una reiterada constatación empírica de los efectos negativos
del desempleo, sino que ese conocimiento debería sentar las bases de un
diseño interventivo orientado a minimizar las consecuencias derivadas de
la actual situación económica» (Álvaro, 1992, pág. 153).