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Anastasio Ovejero Bernal
b) «Una telefonista de dieciocho años de edad, que trabajaba sola, fue
atacada sexualmente. Consiguió escapar y corrió, desnuda y sangrando,
hasta la calle pidiendo ayuda. Cuarenta transeúntes vieron cómo el violador
la alcanzaba e intentaba arrastrarla de nuevo hacia adentro. Ninguno de
ellos la ayudó ni avisó a las autoridades correspondientes. Por suerte, dos
policías pasaban por allí casualmente y arrestaron al violador.»
c) «Eleanor Bradley tropieza y se rompe la pierna en unos almacenes
comerciales, mientras ella hace la compra. Llena de dolor suplica, desde el
suelo, que la ayuden. Durante cuarenta minutos pasan infinidad de compradores, se hacen a un lado para no tropezar con ella y continúan su
camino.»
d) «Andrew Mormille fue apuñalado en el estómago mientras viajaba
en el metro rumbo a su casa. Después de que sus atacantes abandonaron el
vagón, otros once viajeros observaron al joven desangrarse hasta morir.»
Hacia 1980, Darley y Latané ya habían realizado alrededor de cuatro
docenas de experimentos que intentaban comparar la ayuda que daban
espectadores que estaban solos o acompañados. Pues bien, en alrededor
del 90 por 100 de estas comparaciones, que incluyeron casi 6.000 sujetos,
quienes estaban solos tuvieron una probabilidad mayor de ayudar (Latané
y Nida, 1981). Más en concreto, llevaron a cabo varios estudios experimentales para analizar la conducta de ayuda en situaciones de emergencia.
Entre tales experimentos destaca el siguiente (véase Lamberth, 1982, página 469): los sujetos asistían a una escena en la que con toda probabilidad
una mujer necesitaba ayuda urgente (presumiblemente se había roto un
pie). Había cuatro condiciones experimentales: en una los sujetos estaban
solos (la ayudaron el 70 por 100) y en las otras situaciones estaban acompañados: a) por un cómplice del experimentador que no ayudaba
(en este caso, la conducta de ayuda descendió dramáticamente a sólo un 7
por 100); b) por otra persona que no conocía y ambos eran sujetos desprevenidos (40 por 100); c) ambos sujetos eran desprevenidos pero eran amigos (70 por 100). Aunque en esta última situación el resultado parece ser el
mismo que en la condición de soledad (en ambos casos ayudaban el 70 por
100), en realidad supone un descenso en el porcentaje de ayuda, porque en
estas situaciones eran dos personas, en lugar de una, las que podían ayudar.
Latané y Darley supusieron que a medida que aumenta el número de
espectadores, menos probable será que cualquiera de ellos observe el incidente, le interprete como un problema o una emergencia, y asuma la responsabilidad de actuar. «Los resultados de este experimento parecen claros.
La presencia de otras personas inhibe la conducta de ayuda a los demás,
siendo la inhibición mayor producida por la presencia de un individuo
indiferente, después la producida por la de un extraño y, por último, la
producida por un amigo. Parece que hasta los amigos inhiben la conducta
de ayuda a los demás» (Lamberth, 1982, pág. 470).
Una observación a tener en cuenta es que los sujetos o reaccionaban
pronto o no reaccionaban en modo alguno. Parece que, sea cual sea el pro-