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Anastasio Ovejero Bernal
sonal en ella (Hinde y Groebel, 1995; Hiller y cols., 1995). Así, por ejemplo, cuando cantantes como Tina Turner, Paco Ibáñez o Serrat actúan gratuitamente por un fin altruista, es indiscutible que también podría ocurrir
que lo hicieran para promocionar sus discos, o para ganar «fans» entre el
público altruista. Por consiguiente, lo que le preocupa a la psicología social
es fomentar las conductas pro sociales, independientemente de las auténticas motivaciones que les subyacen. En todo caso, suele defininirse el
altruismo como la ayuda a los demás sin esperar recompensas externas,
dejando, pues, de lado la cuestión de las recompensas internas, puesto que,
como afirma Lamberth (1982, pág. 491), ¿vamos a negarnos a calificar de
altruista una acción, porque las personas que ofrecen ayuda experimentan
alegría o satisfacción al realizarla? Bar-Tal (1976, pág. 5) entiende por conducta pro social aquella «realizada voluntariamente para beneficiar a otro
sin anticipación de recompensas externas».
Tal vez hayan sido estas dificultades las responsables de que este tema
no haya sido estudiado por parte de los psicólogos hasta hace poco tiempo,
en concreto hasta los años 60. De hecho, mientras que la agresión aparece
en el índice del Psychological Abstract en 1928, el altruismo no lo hace
hasta 1968. Posiblemente fueron Bryan y Test (1967) y Rosenhan y White
(1967) los que simultáneamente introdujeron el término conducta pro social
en la literatura psicosociológica, y Darley y Latané (1968) quienes publicaron los primeros estudios experimentales sobre el tema. A mediados de
los 70 los textos de psicología social ya incluyen habitualmente un capítulo
sobre este tópico, de tal forma que al final de la década la cantidad de
investigación en este campo alcanza ya el nivel de la existente sobre la agresión. Añadamos, por último, que aunque ambos tópicos, el altruismo y la
agresión, estaban ausentes en la segunda edición del Handbook de Lindzey
y Aronson (1968), están ya presentes en la tercera (1985), en un extenso
capítulo de Krebs y Miller (1985).
En definitiva, consideraremos conductas altruistas aquellas que cumplan estos cuatro requisitos: que se hagan voluntariamente, con el objetivo
de ayudar a otros, que no estén cumpliendo obligaciones de rol y que se
realicen sin esperar recompensas externas.
Naturaleza de la conducta pro social
Para comprender mejor la naturaleza de la conducta altruista, veremos,
siguiendo a Wright (1971), algunas formas diferentes de entenderla, es
decir, distintas perspectivas desde las que podemos contemplar el comportamiento pro social.
1) Bases biológicas del altruismo: la conducta altruista no es algo privativo del hombre. También se da en otras especies animales, donde no es
raro que el macho (por ejemplo en los monos) llegue a dar la vida por