Oesterheld, Héctor – El Eternauta y otros cuentos de ciencia ficción
Me levanté, aterrado. Lo había muerto. Igual que al otro. Igual que al anterior,
al que ahogara en la zanja.
Tres muertos, en cuestión de minutos.
La mujer y el Bocha.
Suerte que los tenía a ellos para pensar. No sé dónde encontré la bolsa, pero la
cargué con cuanta cosa pude, hasta que ya no cabía más. Me eché la bolsa al
hombro, salí de la casa. Un puente sobre el arroyo, una lancha mal cubierta
con lona. Miré: era una "criscraft" moderna. El motor relucía, había estopa
sucia de aceite, herramientas; comprendí que los dos hombres la habían
estado acondicionando cuando yo llegué.
"Nos vendría bien para seguir huyendo", pensé.
Con la bolsa al hombro volví de prisa a la casa donde habían quedado Amelia
y el Bocha.
Subí la escalera.
Pero no abrí en seguida la puerta. "No les contaré lo que pasó en el almacén...
No entenderían... Pensarían demasiado mal de mí".
Abrí, entré.
Quedé clavado en el umbral.
El cuarto estaba vacío. Vacíos también los dos do ɵ