Oesterheld, Héctor – El Eternauta y otros cuentos de ciencia ficción
manejar como una criatura. Tenía que explicarle al capitán lo que en realidad
eran los Ellos. Era muy posible que ninguno en toda la isla tuviera la menor
idea del poderío de invasión. Pretender defendernos con los pocos rifles,
winchesters y escopetas que teníamos era como pelear con arcos y flechas
contra la bomba atómica.
Me separé de los que trabajaban en el terraplén y caminé hacia la casa. Pasé
entre dos escuadras de hombres que hacían ejercicios militares a las órdenes
de otro "sargento", un absurdo suboficial con pulóver, "breeches" y botas.
—¿Dónde está el capitán? —pregunté a un viejo que, olvidado de todos,
estaba sentado en la escalera de madera que subía a la