pie y descalza desde lejos con un bordón en la mano y con unas alforjas al cuello,
donde llevaba, según es fama, un pedazo de espejo y otro de un peine, y no sé qué
botecillo de mudas para la cara; mas llevase lo que llevase, que yo no me quiero
meter ahora en averiguallo, sólo diré que dicen que el pastor llegó con su ganado a
pasar el río Guadiana, y en aquella sazón iba crecido y casi fuera de madre, y por la
parte que llegó no había barca ni barco, ni quien le pasase a él ni a su ganado de la
otra parte, de lo que se congojó mucho, porque veía que la Torralva venía ya muy
cerca, y le había de dar mucha pesadumbre con sus ruegos y lágrimas, mas tanto
anduvo mirando, que vio un pescador que tenía junto a sí un barco tan pequeño,
que solamente podían caber en él una persona y una cabra, y con todo esto le
habló y concertó con él que le pasase a él y a trescientas cabras que llevaba. Entró
el pescador en el barco y pasó una cabra, volvió y pasó otra, tornó a volver y tornó
a pasar otra: tenga vuestra merced cuenta con las cabras que el pescador va
pasando, porque si se pierde una de la memoria se acabará el cuento, y no será
posible contar más palabra dél: sigo, pues, y digo, que el desembarcadero de la
otra parte estaba lleno de cieno y resbaloso, y tardaba el pescador mucho tiempo
en ir y volver: con todo esto volvió por otra cabra, y otra y otra.
Haz cuenta que las pasó todas, dijo Don Quijote; no andes yendo y viniendo desa
manera, que no acabarás de pasarlas en un año. ¿Cuántas han pasado hasta
ahora? dijo Sancho. ¿Yo qué diablos sé? respondió Don Quijote. He ahí lo que yo
dije que tuviese buena cuenta; pues por Dios que se ha acabado el cuento, que no
hay pasar adelante. ¿Cómo puede ser eso? respondió Don Quijote. ¿Tan de esencia
de la historia es saber las cabras que han pasado por extenso, que si se yerra una
del número no puedes seguir adelante con la historia? No, señor, en ninguna
manera, respondi ́M