acertado que se cumpla la voluntad de quien lo ordena y afuera de todo razonable
discurso; y no le tuviera bueno Augusto César, si consintiera que se pusiera en
ejecución lo que el divino Mantuano dejó en su testamento mandado. Así que,
señor Ambrosio, ya que deis el cuerpo de vuestro amigo a la tierra, no queráis dar
sus escritos al olvido; que si él ordenó como agraviado, no es bien que vos
cumpláis como indiscreto, antes haced, dando la vida a estos papeles, que la tenga
siempre la crueldad de Marcela, para que sirva de ejemplo en los tiempos que están
por venir a los vivientes, para que se aparten y huyan de caer en semejantes
despeñaderos; que ya sé yo y los que aquí venimos la historia deste vuestro
enamorado y desesperado amigo, y sabemos la amistad vuestra y la ocasión de su
muerte, y lo que dejó mandado al acabar de la vida: de la cual lamentable historia
se puede sacar cuanta haya sido la crueldad de Marcela, el amor de Grisóstomo, la
fe de la amistad vuestra, con el paradero que tienen los que a rienda suelta corren
por la senda que el desvariado amor delante de los ojos les pone. Anoche supimos
la muerte de Grisóstomo, y que en este lugar había de ser enterrado, y así de
curiosidad y de lástima dejamos nuestro derecho viaje, y acordamos de venir a ver
con los ojos lo que tanto nos había lastimado en oíllo; y en pago desta lástima y del
deseo que en nosotros