Test Drive | Page 36

ANTONIO Yo sé, Olalla, que me adoras, puesto que no me lo has dicho ni aún con los ojos siquiera, mudas lenguas de amoríos. Porque sé que eres sabida, en que me quieres me afirmo, que nunca fue desdichado amor que fue conocido. Bien es verdad que tal vez, Olalla, me has dado indicio que tienes de bronce el alma, y el blanco pecho de risco. Más allá, entre sus reproches y honestísimos desvíos tal vez la esperanza muestra la orilla de su vestido. Abalánzase al señuelo mi fe que nunca ha podido ni menguar por no llamado ni crecer por escogido. Si el amor es cortesía, de la que tienes colijo que al fin de mis esperanzas ha de ser cual imagino. Y si son servicios parte de hacer un pecho benigno, algunos de los que he hecho fortalecen mi partido. Porque, si has mirado en ello, más de una vez habrás visto que me he vestido en los lunes lo que me honraba el domingo. Como el amor y la gala andan un mismo camino, en todo tiempo a tus ojos quise mostrarme polido. Dejo el bailar por tu causa, ni las músicas te pinto, que has escuchado a deshoras y al canto del gallo primo. No cuento las alabanzas que de tu belleza he dicho, que, aunque verdaderas, hacen ser yo de algunas mal quisto. Teresa del Berrocal,