Test Drive | Seite 232

Digo, en fin, que entonces llegó en todo extremo aderezada y en todo extremo hermosa, o, a lo menos, a mi me pareció serlo la más que hasta entonces había visto; y con esto, viendo las obligaciones en que me había puesto, me parecía que tenía delante de mi una deidad del cielo, venida a la tierra para mi gusto y para mi remedio. Así como ella llegó, le dijo su padre en su lengua cómo yo era cautivo de su amigo Arnaúte Mamí, y que venia a buscar ensalada. Ella tomó la mano, y en aquella mezcla de lenguas que tengo dicho me preguntó si era caballero, y qué era la causa que no me rescataba. Yo le respondí que ya estaba rescatado, y que en el precio podía echar de ver en lo que mi amo me estimaba, pues había dado por mi mil y quinientos zoltanís. A lo cual ella respondió: -En verdad que si tú fueras de mi padre, que yo hiciera que no te diera él por otros dos tantos; porque vosotros, cristianos, siempre mentís en cuanto decís, y os hacéis pobres por engañar a los moros. -Bien podría ser eso, señora -le respondí-; mas en verdad que yo la he tratado con mi amo, y la trato y la trataré con cuantas personas hay en el mundo. -Y ¿cuándo te vas? -dijo Zoraida. -Mañana creo yo -dije-, porque está aquí un bajel de Francia que se hace mañana a la vela, y p