hicieran los dos pasar aquella mentira por más que cierta verdad; y así, respondió a
Camila desta manera:
-No pensé yo, hermosa Camila, que me llamabas para preguntarme cosas tan fuera
de la intención con que yo aquí vengo. Si lo haces por dilatarme la prometida
merced, desde más lejos pudieras entretenerla, porque tanto más fatiga el bien
deseado cuanto la esperanza está más cerca de poseello; pero porque no digas que
no respondo a tus preguntas, digo que conozco a tu esposo Anselmo, y nos
conocemos los dos desde nuestros más tiernos años: y no quiero decir lo que tú tan
bien sabes de nuestra amistad, por no me hacer testigo del agravio que el amor
hace que le haga, poderosa disculpa de mayores yerros. A ti te conozco y tengo en
la misma posesión que él te tiene; que, a no ser así, por menos prendas que las
tuyas no había yo de ir contra lo que debo a ser quien soy y contra las santas leyes
de la verdadera amistad, ahora por tan poderoso enemigo como el amor por mi
rompidas y violadas.
-Si eso confiesas -respondió Camila-, enemigo mortal de todo aquello que
justamente merece ser amado, ¿con qué rostro osas parecer ante quien sabes que
es el espejo donde se mira aquél en quien tú te debieras mirar, para que vieras con
cuán poca ocasión le agravias? Pero ya cayo,