temer de la verdad de Lotario y de la mucha amistad de entrambos. Y, a no estar
avisada Camila de Lotario de que eran fingidos aquellos amores de Clori, y que él
se lo había dicho a Anselmo por poder ocuparse algunos ratos en las mismas
alabanzas de Camila, ella, sin duda, cayera en la desesperada red de los celos; mas
por estar ya advertida, pasó aquel sobresalto sin pesadumbre.
Otro día, estando los tres sobre mesa, rogó Anselmo a Lotario dijese alguna cosa
de las que había compuesto a su amada Clori; que, pues Camila no la: conocía,
seguramente podía decir lo que quisiese.
-Aunque la conociera -respondió Lotario-