quedase y le aguardase, porque tenía que tratar con él una cosa de mucha
importancia. Dijo también a Camila que no dejase solo a Lotario, en tanto que él
volviese. En efeto, él supo tan bien fingir la necesidad o necedad de su ausencia,
que nadie pudiera entender que era fingida.
Fuese Anselmo, y quedaron solos a la mesa Camila y Lotario, porque la demás
gente de casa toda se había ido a comer. Viose Lotario puesto en la estacada que
su amigo deseaba, y con el enemigo delante, que pudiera vencer con sola su
hermosura a un escuadrón de caballeros armados: mirad si era razón que le
temiera Lotario. Pero lo que hizo fue poner el codo sobre el brazo de la silla, y la
mano abierta en la mejilla, y pidiendo perdón a Camila del mal comedimiento, dijo
que quería reposar un poco en tanto que Anselmo volvía. Camila le respondió que
mejor reposaría en el estrado que en la silla, y así, le rogó se entrase a dormir en
él. No quiso Lotario, y allí se quedó dormido hasta que volvió Anselmo, el cual,
como halló a Camila en su aposento y a Lotario durmiendo, creyó que, como se
había tardado tanto, ya habrían tenido los dos lugar para hablar, y aun para dormir,
y no vio la hora en que Lotario despertase, para volverse con él fuera y preguntarle
de su ventura.
Todo le sucedió como él quiso. Lotario despertó, y luego salie ɽ