Caco, y los doce Pares con el verdadero historiador Turpin; y en verdad que estoy
por condenarlos no más que a destierro perpetuo, siquiera porque tienen parte de
la invención del famoso Mato Boyardo, de donde también tejió su tela el cristiano
poeta Ludovico Ariosto, al cual, si aquí le hallo, ya que habla en otra lengua que la
suya, no le guardaré respeto alguno; pero si habla en su idioma, le pondré sobre mi
cabeza. Pues yo le tengo en italiano, dijo el barbero, mas no le entiendo. Ni aun
fuera bien que vos le entendiérais, respondió el cura; y aquí le perdonáramos al
señor capitán, que no le hubiera traído a España, y hecho castellano; que le quitó
mucho de su natural valor, y lo mismo harán todos aquellos que los libros de verso
quisieren volver en otra lengua, que por mucho cuidado que pongan y habilidad que
muestren, jamás llegarán al punto que ellos tienen en su primer nacimiento. Digo,
en efecto, que este libro y todos los que se hallaren, que tratan de estas cosas de
Francia, se echen y depositen en un pozo seco, hasta que con más acuerdo se vea
lo que se ha de hacer de ellos, exceptuando a un Berna