que si hay Dánaes en el mundo,
hay pluvias de oro también.
Cuando hasta aquí te he dicho, ¡oh Anselmo!, ha sido por lo que a ti te toca, y
ahora es bien que se oiga algo de lo que a mí me conviene; y si hiere largo,
perdóname; que todo lo requiere el laberinto donde te has entrado y de donde
quieres que yo te saque.
Tú me tienes por amigo, y quieres quitarme la honra. cosa que es contra toda
amistad; y aun no sólo pretendes esto, sino que procuras que yo te la quite a ti.
Que me la quieres quitar a mí está claro, pues cuando Camila vea que yo la solicito,
como me pides, cierto está que me ha de tener por hombre sin honra y mal mirado,
pues intento y hago una cosa tan fuera de aquello que el ser quien soy y tu amistad
me obliga. De que quieres que te la quite a ti no hay duda, porque viendo Camila
que yo la solicito, ha de pensar que yo he visto en ella alguna liviandad que me dio
atrevimiento a descubrirle mi mal deseo, y teniéndose por deshonrada, te toca a ti,
como a cosa suya, su mesma deshonra. Y de aquí nace lo que comúnmente se
platica que el marido de la mujer adúltera, puesto que él no lo sepa, ni haya dado
ocasión para que su mujer no sea la que debe, ni haya sido en su mano, ni en su
descuido y poco recato, estorbar su desgracia, con todo, le llaman y le nombran
con nombre de vituperio y bajo, y en cierta manera le miran los que la maldad de
su mujer saben con ojos de menosprecio, en cambio de mirarle con los de lástima,
viendo que no por su culpa, sino por el gusto de su mala compañera, está en
aquella desventura. Pero quiérote decir la causa por que con justa razón es
deshonrado el marido de la mujer mala, aunque él no sepa que lo es, ni tenga
culpa, ni haya sido parte, ni dado ocasión, para que ella lo sea. Y no te canses de
oírme; que todo ha de redundar en tu provecho.
Cuando Dios crió a nuestro primero padre en el Paraíso terrenal, dice la divina
Escritura que infundió Dios sueño en Adán, y que, estando durmiendo, le sacó una
costilla del lado siniestro, de la cual formó a nuestra madre Eva; y así como Adán
despertó y la miró, dijo: Esta es carne de mi carne y hueso de mis huesos. Y Dios
dijo: Por ésta dejará el hombre a su padre y madre, y serán dos en una carne
misma; y entonces fue instituido el divino sacramento del matrimonio, con tales
lazos, que sola la muerte puede desatarlos. Y tiene tanta fuerza y virtud este
milagroso sacramento, que hace que dos diferentes personas sean una mesma
carne; y aún hace más en los buenos casados: que, aunque tienen dos almas, no
tienen más de una voluntad. Y de aquí viene que, como la carne de la esposa sea
una mesma con la del esposo, las manchas que en ella caen, o los defectos que se
procura, redundan en la carne del marido, aunque él no haya dado, como queda
dicho, ocasión para aquel daño. Porque así como el dolor del pie o de cualquier
miembro del cuerno humano le siente todo el cuerno, por ser todo de una carne
mesma, y la cabeza siente el daño del tobillo, sin que ella se le haya causado, así el
marido es participante de la deshonra de la mujer, por ser una mesma cosa con
ella; y como las honras y deshonras del mundo sean todas y nazcan de carne y
sangre, y las de la mujer mala sean deste género, es forzoso que al marido le
quepa parte dellas, y sea tenido por deshonrado sin que él lo sepa. Mira, pues, ¡oh
Anselmo!, al peligro que te pones en querer turbar el sosiego en que tu buena
esposa vive; mira por cuán vana e impertinente curiosidad quieres revolver los
humores que ahora están sosegados en el p