-Mirad, hermano -tomó a decir el cura-, que no hubo en el mundo Félixmarte de
Hircania, ni don Cirongilio de Tracia, ni otros caballeros semejantes que los libros
de caballerías cuentan; porque todo es compostura y ficción de ingenios ociosos,
que los compusieran para el efecto que vos decís de entretener el tiempo, como lo
entretienen leyéndolos vuestros segadores. Porque realmente os juro que nunca
tales caballeros fueron en el mundo, ni tales hazañas ni disparates acontecieron en
él.
-¡A otro perro con ese hueso! –respondió el ventero-. ¡Como si yo no supiese
cuántas son cinco, y adónde me aprieta el zapato! No piense vuestra merced darme
papilla, porque por Dios que no soy nada blanco. ¡Bueno es que quiera darme
vuestra merced a entender que todo aquello que estos