Reconocióle don Quijote, y asiéndole por la mano, se volvió a los que allí estaban, y
dijo:
-Porque vean vuestras mercedes cuán de importancia es haber caballeros andantes
en el mundo, que desfagan los tuertos y agravios que en él se hacen por los
insolentes y malos hombres que en él viven, sepan vuestras mercedes que los días
pasados, pasando yo por un bosque, oí unos gritos y unas voces muy lastimosas,
como de persona afligida y menesterosa; acudí luego, llevado de mi obligación,
hacia la parte donde me pareció que las lamentables voces sonaban, y hallé atado a
una encina a este muchacho que ahora está delante, de lo que me huelgo en el
alma, porque será testigo que no me dejará mentir en nada. Digo que estaba atado
a la encina, desnudo del medio cuerno arriba, y estábale abriendo a azotes con las
riendas de una yegua un villano, que después supe que era amo suyo; y así como
yo le vi le pregunté la causa de tan atroz vapulamiento; respondió el zafio que le
azotaba porque era su criado, y que ciertos descuidos que tenía nacían más de
ladrón que de simple; a lo cual este niño dijo: «Señor, no me azota sino porque le
pido mi salario.» El amo replicó no sé qué arengas y disculpas, las cuales, aunque
de mí fueron oídas, no fueron admitidas. En resolución, yo le hice desatar, y tomé
juramento al villano de que le llevaría consigo y le pagaría un real sobre otro, y aun
sahumados. ¿No es verdad todo esto, hijo Andrés? ¿No notaste con cuánto imperio
se lo mandé, y con cuánta humildad prometió de hacer todo cuanto yo le impuse y
notifiqué y quise? Responde; no te turbes ni dudes en nada; di lo que pasó a estos
señores, porque se vea y considere ser del provecho que digo haber caballeros
andantes por los caminos.
-Todo lo que vuestra merced ha dicho es mucha verdad -respondió el muchacho-;
pero el fin del negocio sucedió muy al revés de lo que vuestra merced se imagina.
-¿Cómo al revés? -replicó don Quijote-.Luego ¿no te pagó el villano?
-No sólo no me pagó -respondió el muchacho-, pero así como vuestra merced
traspuso del bosque y quedamos solos, me volvió a atar a la mesma encina y me
dio de nuevo tantos azotes, que quedé hecho un San Bartolomé desollado; y a cada
azote que me daba, me decía un donaire y chufeta acerca de hacer burla de
vuestra merced, que, a no sentir yo tanto dolor, me riera de lo que decía. En
efecto, él me paró tal, que hasta ahora he estado curándome en un hospital del mal
que el mal villano entonces me hizo. De todo lo cual tiene vuestra merced la culpa;
porque si se fuera su camino adelante y no viniera donde no le llamaban, ni se
entremetiera en negocios ajenos, mi amo se contentara con darme una o dos
docenas de azotes, y luego me soltara y pagara cuanto me debía. Mas como
vuestra merced le deshonró tan sin propósito, y le dijo tantas villanías,
encendiósele la cólera, y como no lo pudo vengar en vuestra merced, cuando se vio
solo descargó sobre mí el nublado, de modo, que me parece que no seré más
hombre en toda mi vida.
-El daño estuvo -dijo don Quijote- en irme yo de allí, que no me había de ir hasta
dejarte pagado; porque bien debía yo de saber, por luengas experiencias, que no
hay villano que guarde palabra que diere, si él vee que no le está bien guardalla.
Pero ya te acuerdas, Andrés, que yo juré que si no te pagaba, que había de ir a
buscarle, y que le había de hallar, aunque se escondiese en el vientre de la ballena.
-Así es la verdad -dijo Andrés-; pero no aprovechó nada.
-Ahora verás si aprovecha -dijo don Quijote.