Daniel Blinder
El control de las tecnologías duales en países periféricos es un generador de
conflictos a nivel planetario. El control de los recursos hace al poder de un Estado.
Toda unidad estatal tiene áreas de influencia, “espacios” en los que ejerce su dominio,
y para los cuales crea el correspondiente organismo burocrático. La tecnología
espacial y misilística presenta la característica de ser de uso civil y militar. El control
de dicho espacio político, como lo es el mundo tecnológico, se mostrará crucial a la
hora de ejercer el poder. Todo intento por controlar un espacio conlleva un conflicto,
pero el control por el espacio del desarrollo de una tecnología sensible acarrea a un
conflicto con aquellas potencias que detenten dichas tecnologías duales para su uso
civil y militar (Blinder, 2011).
El caso que analizaremos tiene la característica de ser una tecnología de punta y
de uso dual. La tecnología misilística puede ser utilizada tanto para colocar satélites
en el espacio como para destruir un objetivo con gran poder devastador. Puede
usarse tanto para que un país disponga de imágenes satelitales propias como para
un misil con carga convencional, o de destrucción masiva. Aquel que controla o al
menos dispone de herramientas para competir en ese selecto mercado, tiene un gran
poder. Y puede generar competencia tanto a nivel comercial como militar, al menos
de forma potencial.
El misil Cóndor II fue un proyecto de origen militar que se desarrolló en el ámbito
de la Fuerza Aérea a fines de la década de 1970, y que cobró vigor debido a la derrota
sufrida en la Guerra de las Malvinas. En dicho conflicto bélico la Argentina perdió gran
parte del material de combate, y las autoridades de la Fuerza Aérea decidieron crear
un arma disuasiva, capaz de llegar a las islas en posesión de los británicos. Además
de aquello, los militares pensaron al proyecto con su faz dual, teniendo eventuales
aplicaciones como inyector de satélites. Agotada política y financieramente, la
dictadura militar se vio obligada a ceder el poder a los ciudadanos, comenzando una
etapa democrática en 1983 con la elección de Raúl Alfonsín como presidente.
La herencia de las políticas de la dictadura se hizo sentir durante el gobierno
democrático en la década de 1980, en especial el agotamiento económico. Por otra
parte, los principales resortes de poder estatales seguían teniendo algún tipo de
anclaje en el viejo poder cívico-militar, por lo que el gobierno de Alfonsín estuvo
condicionado y presionado por dichos poderes fácticos. Mas con la Fuerza Aérea este
gobierno desarrolló una relación especial, y se le aprobó mediante un decreto secreto
un Plan de Satelización que consistía en el desarrollo del Cóndor. Dicho plan quedó
truncado debido a la falta de una política sistematizada y de presupuesto. Pero las
investigaciones y los desarrollos continuaron, mediante la participación de países del
Medio Oriente a través de empresas europeas que invirtieron en el misil, con el objeto
de desarrollar y apropiarse de la tecnología. Eso disparó la alarma de los Estados
Unidos y el Reino Unido, que iniciaron una serie de presiones para la desactivación.
Dichas presiones se incrementaron y se hicieron públicas durante el gobierno de
Menem, que optó por cancelar el proyecto para quitarse un estorbo a la relación
bilateral con los estadounidenses. El Cóndor como proyecto dejó de existir, se
firmaron y se otorgaron todas las garantías a los norteamericanos, y todo proyecto de
desarrollo espacial se puso bajo la órbita de la Cancillería, que en adelante tendría un
Revista CTS, nº 29, vol. 10, Mayo de 2015 (pág. 65-89)
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