Test Drive | Page 27

Vivimos horas penosas hasta las once de la mañana, hora en la que había de comenzar el juicio. Acompañé a mi padre y restantes miembros de la familia, que estaban citados como testigos. Durante toda aquella odiosa farsa de justicia, sufrí un calvario. Debía decidirse si mi curiosidad e ilícitos experimentos desembocarían en la muerte de dos seres humanos: el uno, una encantadora criatura llena de inocencia y alegría; la otra, más terriblemente asesinada aún, puesto que tendría todos los agravantes de la infamia para hacerla inolvidable. Justine era una buena chica, y poseía cualidades que prometían una vida feliz. Ahora todo estaba a punto de acabar en una ignominiosa tumba por mi culpa. Mil veces hubiera preferido confesarme yo culpable del crimen que se le atribuía a Justine, pero me encontraba ausente cuando se cometió, y hubieran tomado semejante declaración por las alucinaciones de un demente, por lo que tampoco hubiera servido para exculpar a la que sufría por mi culpa. El aspecto de Justine al entrar era sereno. Iba de luto; y la intensidad de sus sentimientos daban a su rostro, siempre atractivo, una exquisita belleza. Parecía confiar en su inocencia. No temblaba, a pesar de que miles de personas la miraban y vituperaban, pues toda la bondad que su belleza hubiera de otro modo despertado quedaba ahora ahogada, en el espíritu de los espectadores, por la idea del crimen que se s