–Pues andad con Dios –dijo Sancho–; idos a dormir a vuestra casa, y Dios os dé buen sueño, que yo
no quiero quitárosle; pero aconséjoos que de aquí adelante no os burléis con la justicia, porque
toparéis con alguna que os dé con la burla en los cascos.
Fuese el mozo, y el gobernador prosiguió con su ronda, y de allí a poco vinieron dos corchetes que
traían a un hombre asido, y dijeron:
–Señor gobernador, este que parece hombre no lo es, sino mujer, y no fea, que viene vestida en
hábito de hombre.
Llegáronle a los ojos dos o tres lanternas, a cuyas luces descubrieron un rostro de una mujer, al
parecer, de diez y seis o pocos más años, recogidos los cabellos con una redecilla de oro y seda
verde, hermosa como mil perlas. Miráronla de arriba abajo, y vieron que venía con unas medias de
seda encarnada, con ligas de tafetán blanco y rapacejos de oro y aljófar; los greguescos eran verdes,
de tela de oro, y una saltaembarca o ropilla de lo mesmo, suelta, debajo de la cual traía un jubón de
tela finísima de oro y blanco, y los zapatos eran blancos y de hombre. No traía espada ceñida, sino
una riquísima daga, y en los dedos, muchos y muy buenos anillos. Finalmente, la moza parecía bien
a todos, y ninguno la conoció de cuantos la vieron, y los naturales del lugar dijeron que no podían
pensar quién fuese, y los consabidores de las burlas que se habían de hacer a Sancho fueron los que
más se admiraron, porque aquel suceso y hallazgo no venía ordenado por ellos; y así, estaban
dudosos, esperando en qué pararía el caso.
Sancho quedó pasmado de la hermosura de la moza, y preguntóle quién era, adónde iba y qué
ocasión le había movido para vestirse en aquel hábito. Ella, puestos los ojos en tierra con
honestísima vergüenza, respondió:
–No puedo, señor, decir tan en público lo que tanto me importaba fuera secreto; una cosa quiero
que se entienda: que no soy ladrón ni persona facinorosa, sino una doncella desdichada a quien la
fuerza de unos celos ha hecho romper el decoro que a la honestidad se debe.
Oyendo esto el mayordomo, dijo a Sancho:
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