Test Drive | Page 352

–Ésta, a lo menos –dijo un escribano–, no la podrá vuesa merced quitar, porque la tiene un gran personaje, y más es sin comparación lo que él pierde al año que lo que saca de los naipes. Contra otros garitos de menor cantía podrá vuestra merced mostrar su poder, que son los que más daño hacen y más insolencias encubren; que en las casas de los caballeros principales y de los señores no se atreven los famosos fulleros a usar de sus tretas; y, pues el vicio del juego se ha vuelto en ejercicio común, mejor es que se juegue en casas principales que no en la de algún oficial, donde cogen a un desdichado de media noche abajo y le desuellan vivo. –Agora, escribano –dijo Sancho–, yo sé que hay mucho que decir en eso. Y, en esto, llegó un corchete que traía asido a un mozo, y dijo: –Señor gobernador, este mancebo venía hacia nosotros, y, así como columbró la justicia, volvió las espaldas y comenzó a correr como un gamo, señal que debe de ser algún delincuente. Yo partí tras él, y, si no fuera porque tropezó y cayó, no le alcanzara jamás. –¿Por qué huías, hombre? –preguntó Sancho. A lo que el mozo respondió: –Señor, por escusar de responder a las muchas preguntas que las justicias hacen. –¿Qué oficio tienes? –Tejedor. –¿Y qué tejes? –Hierros de lanzas, con licencia buena de vuestra merced. –¿Graciosico me sois? ¿De chocarrero os picáis? ¡Está bien! Y ¿adónde íbades ahora? –Señor, a tomar el aire. –Y ¿adónde se toma el aire en esta ínsula? –Adonde sopla. Portal Educativo EducaCYL http://www.educa.jcyl.es