reprehendido muchas veces, diciéndole que era disparate leer tales disparates; y, enterándose ser
verdad lo que sospechaba, con mucha cólera, hablando con el duque, le dijo:
–Vuestra Excelencia, señor mío, tiene que dar cuenta a Nuestro Señor de lo que hace este buen
hombre. Este don Quijote, o don Tonto, o como se llama, imagino yo que no debe de ser tan
mentecato como Vuestra Excelencia quiere que sea, dándole ocasiones a la mano para que lleve
adelante sus sandeces y vaciedades.
Y, volviendo la plática a don Quijote, le dijo:
–Y a vos, alma de cántaro, ¿quién os ha encajado en el celebro que sois caballero andante y que
vencéis gigantes y prendéis