Tendencias Posgrados | Página 14

Dulces conventuales

Los dulces conventuales toman su nombre de la tradición por realizar golosinas por parte de las órdenes religiosas de clausura en España. Durante la Edad Media, únicamente conventos y castillos poseían obradores de panadería. Por lo tanto, los conventos fueron el escenario propicio para la fusión de tradiciones gastronómicas. En particular, esto se benefició de la incorporación constante de novicias. Cada una pudo aportar recetas familiares como también lo hicieron las aristócratas quienes, por "pecadillos", ingresaban forzosamente junto con sus empleadas. Estas últimas incluían cocineras y ofrecían conocimientos más sofisticados en gastronomía. Así pues, surgen dulces creaciones como los lazos de san Guillermo, las orejas de fraile, los huesos de san Expedito o los pellizcos de monja entre otros.

Por este motivo, en los conventos convergieron distintas técnicas pasteleras. Se generó la combinación de tradiciones árabes, cristianas y judías. Al llegar al Nuevo Mundo, los conventos contaron con un nuevo mestizaje culinario combinando frutos autóctonos de América y nuevas prácticas gastronómicas. Con ello, surgieron dulces denominados como "barrocos", es decir, los postres típicos de las colonias españolas en América.