En mi continua investigación acerca de cómo mejorar la calidad del movimiento, experimenté profundamente la danza clásica, jazz y danza contemporánea, diferentes tipos de expresión, pero con un denominador común: el cuerpo y la educación muscular y postural. Esta experiencia en todos los estilos de danza y expresiones corporales me llevó a visualizar y comprender que el cuerpo humano posee las bases fundamentales que deben respetarse y aplicarse siempre a los movimientos, recursos naturales físicos que todos poseemos y podemos desarrollar. El reconocimiento de estas bases y de los recursos para aplicarlos se traduce en un proceso simple que lleva el cuerpo a un estado de mayor preparación, un verdadero preliminar que siempre debe ser aplicado como una preparación al movimiento. La revolución radica en el hecho de que estas bases del cuerpo se pueden aplicar a la vida cotidiana, en cada momento del día, no necesariamente porque queremos llegar a ser bailarines profesionales, sino simplemente porque queremos tener un cuerpo más sano en cuanto a las articulaciones y los músculos y en particular por una columna vertebral sana.