REFLEXIONES DE UN APRENDIZ
M
i buen amigo y maestro Jaume Soler, pa-
dre, junto con su mujer Mercé Conangla,
del Modelo de Ecología Emocional dice
que:
- La vida, cuanto más vacía, más pesa.
Se refiere, por supuesto, a llenarla de
sentido, porque sólo así, la frase fun-
ciona también al revés:
- La vida, cuanto más llena, más liviana
nos resulta.
Con razón decía la Madre Teresa que:
- Quien no vive para Servir, no sirve
para Vivir.
Porque eso, llenar nuestra vida de sentido es fun-
damental, quizás ahora más que nunca, debido a la
velocidad a la que hoy se mueve el mundo. Decidir
no solo lo que vamos a hacer o lo que queremos con-
seguir, sino decidir también qué sentido le queremos
dar a lo que hacemos, qué sentido tiene nuestro tran-
sitar por esta vida.
Hoy vivimos un mundo mucho más complejo que el
del pasado siglo. Y en esa complejidad resulta más di-
fícil no perderse. En términos generales, no vivimos
hoy mejor que en la segunda mitad del siglo XX. Los
índices de suicidio y depresión, si sirven de ejemplo,
son exponencialmente más altos que en los años 60’s.
Y lo que es peor, son alarmantemente grandes en la
infancia y primera adolescencia, algo casi impensa-
ble hace solo 50 años.
Los griegos tenían dos palabras para el tiempo: Kro-
nos y Kairós. El tiempo medible y el “Momento”. Esa
rapidez de lo externo está generando que vivamos
más en el tiempo que en el Momento. Nos engañaron
también cuando nos dijeron que el tiempo es oro. Y
por tanto, no hay tiempo que perder. Esto ha genera-
do una nueva enfermedad en este siglo, que es exclu-
sivamente humana y que llega en muchos casos a ser
letal: la Prisa.
Creo fervientemente
que hoy estamos
viviendo un cambio
de época, no sólo
una época de cambios,
tan trascendental
como lo fue el
Renacimiento para la
Edad Media [...]
Las muertes por estrés o por fallas cardíacas están en
los primeros rangos en todos los países desarrolla-
dos. Y cuando no mata, sí tiene un amplio historial
Revi
Creo fervientemente que hoy estamos viviendo un
cambio de época, no sólo una época de cambios, tan
trascendental como lo fue el Renacimiento para la
Edad Media, pero más compleja de cara a la adap-
tación. Los cambios tecnológicos van hoy a tal velo-
cidad que resulta casi imposible estar al día para el
ciudadano normal. Un ejemplo, hace 10 años el celu-
lar servía para hablar por teléfono. Hoy, menos para
adivinar el número de lotería premiado, sirve para
todo. Nos engañaron cuando nos dijeron que la tec-
nología iba a estar a nuestro servicio para vivir me-
jor. Al menos por ahora. Tenemos más cosas y más
avances que nunca, sin duda, pero nuestra vida en
términos de felicidad no ha mejorado por ello. Yo no
estoy en contra de la tecnología, por supuesto, pero
creo que es imprescindible poner atención a sus efec-
tos secundarios, cada vez más notorios, evidentes y
peligrosos. Hoy somos nosotros los que parece que
vivimos esclavizados por la tecnología y no al revés.