por actividades comerciales o financieras de esa empresa o de sus directores, y
Rosemont P Corporation no tiene decisión
ni dirige el movimiento de los fondos
mantenidos en esas subcuentas, pues ese
dinero proviene directamente de operaciones “Permuta” hechas por legitimas casas
de bolsa y sociedades de corretaje constituidas en Venezuela.
Consecuencias sufridas por las empresas
financieras venezolanas
La congelación y/o confiscación por
parte de las autoridades estadounidenses
de millones de dólares, llevados a las subcuentas establecidas en el banco a través
de Rosemont P Corporation por las casas de
bolsa y sociedades de corretaje venezolanas (o sus empresas off shore), han dejado
fuera del mercado financiero venezolano
a muchas de ellas, quienes se han visto en
la necesidad de responder a sus clientes
con su propio patrimonio. Lo que en sus
inicios parecía la “solución perfecta” a un
gran problema operativo, se convirtió en la
peor situación financiera que podían imaginar estas empresas venezolanas, quienes de manera involuntaria se han visto
involucrados en un asunto judicial, que se
originó en un hecho en el cual no tuvieron
participación alguna. Las empresas que se
han mantenido operando en el mercado
“Permuta” se encuentran a diario con otro
gran problema, los departamentos de cumplimiento tienen un listado de compañías
que, a su entender, están vinculadas con
Rosemont P Corporation, y que son consideradas “fantasma”. Esta lógica deducción
se deriva del hecho, antes comentado,
de que las diversas empresas Rosemont
registraron como “Detalle de Nombre
Ficticio” ante el “Florida Department Of
State Division of Corporations” el nombre
comercial de las empresas financieras que habían contratado los
servicios. Por tal motivo,
cua ndo u na empresa
financiera involucrada en
este tema envía fondos a
un cliente suyo en cualquier
banco, el departamento de
Cumplimiento debe verificar
si la operación corresponde a una de las
empresas con “Nombre Ficticio” creadas
por Rosemont Corporation en el Estado de
Florida o a compañías que han sido registradas de manera legítima en Venezuela
o en cualquier otra parte del mundo.
Recordemos que los nombres registrados
como “ficticios” en Florida por Rosemont
lamentablemente coinciden perfectamente
y en toda su extensión con la denominación
comercial correspondiente a casas de bolsa
y sociedades de corretaje legítimamente
constituidas y que no tienen entre sus
www.ACAMS.org/espanol
Lo que en sus inicios parecía
la “solución perfecta” a un
gran problema operativo,
se convirtió en la peor
situación financiera que
podían imaginar estas
empresas venezolanas
directores ni entre sus accionistas a
Rosemont ni a ninguno de los accionistas o
directivos de esta empresa. Prácticamente
todos los días las empresas financieras
venezolanas deben preparar largas explicaciones, y soportar con la documentación
correspondiente, las pruebas de que las
operaciones que están efectuando en el
mercado financiero internacional corresponden a empresas venezolanas legítimas
y no a empresas “fantasma” constituidas
por las compañías de Rosemont en Florida.
Conclusión
Si tomamos en consideración que las
casas de bolsa y sociedades de corretaje
constituidas en Venezuela, son empresas
reguladas por la Comisión Nacional de
Valores de ese país, que exige a todas esas
compañías que cuenten con un departamento de cumplimiento; que en su gran
mayoría cumplen con su obligación de hacer
la auditoría financiera (“due diligence”);
que la legislación venezolana tipifica como
delito el lavado de dinero proveniente de
actividades relacionadas con el narcotráfico
y con delitos conexos, así como de delitos
vinculados a la delincuencia organizada.
Si entendemos que con motivo del régimen
legal que limita y restringe la libre convertibilidad de la moneda, en Venezuela se ha
“creado” un sistema (Permuta/SWAP) que
está lejos de ser usual, pero que es “legal”
bajo el ordenamiento vigente en ese país,
podríamos llegar a pensar que los departamentos de cumplimiento de los bancos
sobreactuaron en defensa de los intereses
de esas instituciones y de sus clientes.
Sin embargo, el turbulento clima político
reinante en Venezuela desde hace varios
años ha provocado, entre otras cosas, una
exigua colaboración de las autoridades de
ese país con los organismos internacionales
que luchan contra el narcotráfico y la delincuencia organizada. Este hecho, aunado a la
corrupción existente y a un debilitado sistema de justicia, justifica en buena medida
el hecho que las instituciones financieras
internacionales tengan temor de operar con
empresas venezolanas o sus empresas off
shore que ejecutan operaciones que, en definitiva, les resultan “extrañas”.
Sin embargo, en un mundo que se
transforma constantemente y donde el
mercado financiero no escapa a continuos
cambios, los funcionarios encargados de
hacer cumplir las normas relativas a la
prevención y el control de legitimación
de capitales tienen la obligación de esforzarse un poco más por tratar de entender
el funcionamiento de negocios financieros novedosos como la “Permuta” que,
con sus limitaciones y riesgos no deja
de ser un instrumento f