#SoyUNEVErsitario Revista #SoyUNEVErsitario Número 32 | Page 17
CHOCOLATE
-Mami —la pequeña niña, de pie en el umbral
del dormitorio de su madre, se frotó los ojos
para ahuyentar el sueño—, el conejo de pascua
se está comiendo el chocolate —dijo ella.
—No, cielo —le respondió su madre,
somnolienta—, recuerda que el conejo de
pascuas no come chocolate, solo lo regala.
Removiéndose entre las sábanas de su cama,
la mujer emitió un bostezo y enterró el rostro en
la almohada, hablándole a su hija.
—Ve a dormir, mi vida.
—Pero mami —insistió la chiquilla—, ¡el conejo
de pascua se está comiendo al chocolate!
-exclamó, con un tono de voz inusualmente
serio, como si estuviera a punto de echarse a
llorar.
La mujer se incorporó en la cama y abrió los
brazos, invitando a la niña a refugiarse entre
ellos.
—Corazón, acabo de decírtelo, al conejo de
pascua no le gusta comer chocolate, solo se lo
regala a los niños. Además, todavía ni siquiera
han llegado las pascuas. Vamos, vete a dormir
—le dijo con suavidad.
—Está bien, mami —la niña sollozó y
resignada, tuvo que regresar a su alcoba.
Su madre esbozó una sonrisa. «Es increíble la
imaginación que tienen los niños», pensó,
antes de sumirse en un profundo sueño.
—Mi mami dice que tengo que volver a la cama
—murmuró.
El conejo alzó la cabeza y clavó su mirada, roja
como la sangre, en ella.
—Buena idea, pequeña —le dijo con voz
cavernosa—, voltea y deja de mirar.
El conejo sonrió con dos hileras de dientes
largos y afilados, le mostró una pequeña placa
de metal y la arrojó al suelo. La niña la recogió y
lloró al ver que era la placa del collar de su
perro.
En ella podía leerse «Chocolate».
Afuera, en el pasillo, su hija se quedó de pie,
con los ojos fijos en el conejo de pascua que
devoraba a su chocolate.
17 Mayo 2020