Condiciones: Menor de 13 años o impedimento para consentir libremente el acto. La costumbre ha impuesto el término “Pedofilia”, cuando la víctima es menor de 14 años y “efebofilia” cuando su edad oscila entre 14 y 21 años.
Acto: Contacto corporal (no penetrativo).
Pena: Prisión o reclusión de 6 meses a 4 años.
Variedad de delincuentes: Una clasificación muy simple es la siguiente:
1.
2.
3.
Rendimiento del examen pericial: El examen raramente es positivo. En el 90% de los casos no hay lesiones o es muy tarde para lograr comprobarlas. Por lo general son lesiones traumáticas mínimas (excoriaciones), periorificiales e inespecíficas. Tiene gran valor cuando el examen es precoz, el hallazgo de semen o vello pubiano en la piel o en las ropas. La existencia o inexistencia de enfermedades venéreas siempre debe investigarse.
El perfil del delincuente:
Abarca toda la gama del espectro, desde la apariencia del ángel, hasta la de demonio. Habitualmente suele ser la persona que debe proteger al niño. La víctima (el niño) no desconfía del victimario porque es figura de autoridad o respeto.
Sacude nuestro ánimo la crónica policial, cuando se trata del maestro, el sacerdote (Padre Grassi), el psicólogo (caso Conzi), el vecino o un pariente. Tras la máscara bondadosa se oculta un delincuente peligrosísimo. Pertenece a cualquier clase social, gran manipulador, discurso correcto y apariencia de hombre normal y confiable. La víctima no comprende bien lo que está pasando, no puede discriminar, es un inmaduro.
La técnica del criminal:
Es una mezcla de seducción e intimidación. Lo amenaza, le impone el silencio y el secreto. El criminal no siempre es del tipo pasivo puede matarlo para evitar la denuncia. Se pueden clasificar en igual forma que los delincuentes seriales, organizados y desorganizados. El organizado es del tipo “seductor”, atento y afectuoso. En general vive solo o con algún pariente, por lo común su madre. La víctima lo escucha, lo sigue. Es el buen compañero, hace regalos, invita a fiestas, que rápidamente se condimentan con alcohol, drogas y exhibiciones sexuales. Elige víctimas con conflictos afectivo-familiares, y a menudo utiliza varias al mismo tiempo y pertenecientes al mismo grupo social o escolar. Forma una pandilla, cada uno de sus compinches tiene una función específica. Prostituyen, venden pornografía, y establecen conexiones internacionales con turismo pedófilo, especialmente en áfrica, sur de Asia, América y la Argentina.
El desorganizado: Carece de las condiciones que tipifican a un seductor. El acercamiento verbal es mínimo, el sujeto merodea y acecha al candidato y el elige el momento oportuno. Ataca, manosea y huye.
El calvario de la víctima: Puede esquematizarse de la siguiente forma:
Es la palabra de un niño contra la palabra de un adulto que suele ser convincente y manipulador. El niño no es testigo confiable, se cansa de contar siempre lo mismo y siente que no le creen. La encuesta resulta más perjudicial que el delito mismo.
Los síntomas más habituales: Ansiedad, trastornos de sueño, crisis de pánico y enuresis, que antes no había. Llanto inmotivado. Romper sus juguetes, negativa y hasta resistencia física para ingresar a la guardería o escuela.
La labor del investigador: Hay reglas para guiarlos que son las siguientes:
1.
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3.
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