De hecho, durante los últimos tres años han sido muchas las voces que se han levantado para hacer notar el abismo que existe entre los subsidios que benefician a la producción lechera en la UE –además altamente tecnificada y con todas las ventajas de una economía de escala– y la falta de apoyo que reciben los pequeños lecheros colombianos. Pero tal vez nada hizo tomar conciencia de la amenaza como la imagen de los ganaderos de Boyacá derramando miles de litros en la carretera, hace dos semanas, mientras declaraban que preferían tirarla a seguir vendiéndola a menos de la mitad de lo que les estaba costando producirla. Pronto cafeteros, arroceros, sembradores de cítricos y de otros productos siguieron el ejemplo de los lecheros. Y es que, según el economista Aurelio Suárez, son casi todos los sectores los que están sintiendo la competencia de las importaciones baratas. "En general todo el mundo sigue pensando que el problema (con los TLC) es la importación de trigo, de cebada, de soya, de sorgo y otros granos. Pero eso ya pasó", dijo a BBC Mundo. "Lo nuevo es que los agricultores se resguardaron en una serie de productos que también se empezaron a importar: papa, leche, hortalizas, cacao, café, azúcar", explicó. El problema de la moneda La avalancha de importaciones, sin embargo, no se explica sólo por los recientes TLC. En cierta medida, el problema también está vinculado a la decidida apuesta de las autoridades por la explotación minera y petrolera, que son los sectores donde se ha concentrado la mayor parte de la inversión extranjera directa. "El país se volvió un país explotador intensivo de recursos naturales no renovables. Y eso trae una reevaluación del peso que encarece las exportaciones y abarata las importaciones", indicó Suárez a BBC Mundo. Y eso tal vez vendría a explicar por qué cada vez llegan más alimentos baratos incluso de países con los que Colombia mantiene los mismos acuerdos comerciales desde hace 40 años, como Perú y Ecuador. De hecho, los analistas coinciden en que el impacto de los TLC con Estados Unidos y la UE apenas se está empezando a sentir. Y eso, sumado a los elevados costos de producción y comercialización que enfrentan los campesinos colombianos, hace que estos enfrenten no sólo un presente difícil, sino también un futuro cada vez menos halagüeño. "Es imposible competir en el marco del libre comercio con países que incluso subsidian sus fertilizantes", afirmó Suárez.