Rumor de límites. Memoria del desasosiego (hacia las Pinturas Negras) FINAL DE LAS PINTURAS NEGRAS-QUINTA DEL SORDO | Page 98
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más templado como este en que tomo la pluma para escribirte y ya me canso,
solo te digo que el lunes si Dios quiere hire a los toros…”
Enero 1794. A Bernardo de Iriarte: “Para ocupar la imaginación mortifi-
cada en la consideración de mis males, y para resarcir en parte los grandes
dispendios que me an ocasionado, me dediqué a pintar...”
Febrero 1974. A Zapater: “Todos estos días desde entonces me he encon-
trado mejor, pero ahora me siento otra vez mal.”
Abril 1794. A la Academia de San Fernando: “...para el que Vuestra Ex-
celencia se dignó elegirle con la esperanza de que si lograba el alivio que
buscaba en sus dolencias, podría manifestar su gratitud a la honra dispen-
sada por Vuestra Excelencia empleando sus escasas luces e instrucción, en
beneficio de los alumnos de la academia. Pero vé en el día que en vez de
haber cedido sus males se han exacerbado más, y por consiguiente que de
ninguna manera pueden tener efectos sus designios...”
Memorando al Rey Carlos IV en marzo de 1798: “...hace seis años que
me falló de todo punto la salud y especialmente el oydo, hallándome tan
sordo que no usando las cifras de la mano no puedo atender cosa alguna,
por lo que no he podido ocuparme en cosas de mi profesión”.
A finales de junio de 1824 Goya partió hacia Francia siguiendo la
carretera principal por Burgos, teniéndose constancia de su entrada en te-
rritorio galo el 24 de junio por comunicación de la subprefectura de Bayona
al ministerio del Interior de Francia. Sabemos de su estancia en París el 27
del mismo mes por carta del dramaturgo “afrancesado” y exiliado Leandro
Fernández de Moratín, al común amigo de ambos, el clérigo Juan Antonio