Rumor de límites. Memoria del desasosiego (hacia las Pinturas Negras) FINAL DE LAS PINTURAS NEGRAS-QUINTA DEL SORDO | Page 231

231 El tratamiento compositivo es de una eficacia indiscutible porque crea ambiente, un ambiente que al agrupar de manera tan compacta a las seis figuras las sumerge en un clima de complicidad momentánea, de conjunción clandestina y solidaria. Es como una versión “progresista” del Aquelarre, mientras que entonces todo gravitaba frente al gran Cabrón ahora es el pasquín, junto a la voz del fraile, lo que suscita el interés del agrupamiento. En cuanto a lo que hoy podemos pensar que salió de la mano de Goya, como es la figura del fraile barbado, el tratamiento pictórico va en consonancia con esa manera rápida nerviosa, visceral con que construye la mayor parte de estas obras y que nos vuelven a enseñar ese toque más libre que abrirá fronteras y que le viene de su conocimiento velazqueño, pero con un impulso y agitación vital nuevo. Esta obra se suele relacionar con las tertulias políticas clandestinas y los momentos convulso incluso en el Trienio Liberal, período en el que se ejecutaron las pinturas de esta serie. Era frecuente la proliferación de pas- quines al menos desde la época del motín de Esquilache, donde los elementos más activos y politizados sembraban con papeles impresos las paredes de algunas calles importantes con sus críticas políticas. El hecho de que la ma- yoría fuera analfabeta obligaba a buscar alguna persona que las leyera en grupo y los demás oían para continuar ampliando la eficacia del pasquín. Es el fraile quien lee, al cual se adivina una mano que sigue con un probable meñique el renglón de lectura; dato sociológico interesante. Una mano que