Rumor de límites. Memoria del desasosiego (hacia las Pinturas Negras) FINAL DE LAS PINTURAS NEGRAS-QUINTA DEL SORDO | Seite 207
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decenas de sus dibujos-. Este mostrar a seres volando como elementos sim-
bólicos de lo que nos excede es reiterativo. El paisaje en esta ocasión mues-
tra exclusivamente árboles batidos por el viento, convencionales y un fondo
extraño donde una zona blanquecina parece flotar a manera de bruma
sobre el paisaje que en último plano recorta siluetas de tierra. Las figuras
cuando nos muestran su rostro son horrendas, malencaradas, construidas a
trallazos, como fustigadas, tal vez porque nos controlan. Lo mismo sucede
el ser que acompaña en vuelo, aún cuando su gesto de encogimiento y acep-
tación dice mucho de su sometimiento triste. En caso de ser mujer podría
enfatizar aun más el destino manipulado al que se ven sometidas, pero está
posibilidad no tiene prueba demostrativa.
Esta pintura, que es un tanto especial y con más audacia compo-
sitiva si cabe que otras de esta serie, está construida con una gama que
se aparta también de las sutilezas de otros fondos con sus verdes y azules
agrisados y sus ocres amarillentos. Los ocres asienados y los negros son el
soporte sobre el que se edifican las figuras añadidas al paisaje primigenio.
Una gama cromática muy reducida en un pintor que fue capaz de sacarnos
sutilezas tonales como las del cartón para tapiz del Quitasol o las carna-
ciones de muchos de sus retratos. Goya en ese momento de su vida, ya no
está para repetirse, se reinventa en cada una de sus pinturas murales, va
en busca de nuevos mundos plásticos, de nuevos desconocimientos para ver,
para explicarse, para iluminarnos al mostrárnoslos, aun a sabiendas que
serán para un reducidísimo círculo. Va en busca de una luz para ver lo que
no veía, escuchando la inmensidad de lo desconocido, colocándose frente al